viernes, 21 de septiembre de 2012

"Divina Comedia" Infierno canto V: lujuria

En el segundo círculo del Infierno, los poetas se encuentran con Minos, juez de ultratumba, y luego, en un eterno remolino, con las almas de los lujuriosos.



En el segundo círculo del Infierno, Dante y Virgilio prosiguen su ruta. Tras enfrentarse a Minos, el juez del averno, conocen a las almas de los lujuriosos, cuyo tormento es deambular errantes para siempre, en furioso remolino. En este grupo de condenados se encuentra Francesca da Rimini y su amante Paolo. Ella le narra su desventurada historia a Dante, quien, al escucharla y comprenderla, cae desvanecido por la emoción.

Minos, semi-legendario rey de Creta, quien, según la Eneida, fue nombrado por Zeus como juez del Infierno, aparece desempeñando ese rol en esta parte de la Commedia. De acuerdo a la gravedad del pecado que cometió el alma que se presenta ante él, Minos hace girar su cola demoníaca, y así, de este modo, indica el número de círculo, y por ende la condena eterna, que le correspondió a esa alma en el Infierno.

Apasionados irredentos

De entre los personajes que Dante se encuentra entre los lujuriosos, están la reina de Asiria, Semíramis, constructora de los Jardines Colgantes de Babilonia; Dido, reina de Cártago y trágica enamorada del héroe Eneas; Cleopatra, la célebre y hermosa reina de Egipto, y Helena y Paris, causantes de la Guerra de Troya, así como también su más famoso combatiente, Aquiles, prendado sin esperanza de la bella Polixena; y el caballero Tristán, siempre suspirante por Isolda.

Amor y perdición

“No hay mayor desgracia que recordar el tiempo feliz en la miseria” (v. 121-123). Estos versos, y el marco en el que se enuncian en el poema dantesco, conforman uno de los episodios más famosos en la literatura universal. Se trata de la historia de Paolo y Francesca, condenados sempiternamente a compartir el tormento infernal destinado a los lujuriosos, vagar por siempre en un colosal remolino. Dante conoció realmente a Francesca y Paolo Malatesta. Ella fue hija de Guido da Polenta, señor de Ravena, y también esposa del contrahecho Gianciotto Malatesta. Habiendo sido casada por cuestiones políticas con este violento personaje, Francesca, no obstante, siempre estuvo enamorada de su joven cuñado Paolo. En cierta ocasión, Paolo y Francesa, mientras leían la historia de la pasión del caballero Lanzarote y Ginebra, esposa del Rey Arturo, descubrieron su mutuo sentimiento y se entregaron a él. Esto motivo a que Gianciotto, al descubrirlos, les quitara la vida. 

Pero aún al ser condenados al Infierno por su falta, estos amantes tuvieron el consuelo de padecerlo juntos. Este detalle ha sido ponderado por muchos estudiosos de la Commedia, entre ellos Borges, quien explica el conmovido desmayo de Dante, al conocer la historia de estos amantes, como una consecuencia de identificar en esta pasión, su propio anhelo por Beatriz, ese amor aún más imposible de concretar, con tantos cielos de por medio.