viernes, 28 de septiembre de 2012

"Divina Comedia" Infierno canto XVIII: seducción infernal

Los poetas arriban al octavo círculo, el cual se encuentra dividido en diez recintos. En el primero, se castiga a los aduladores y los seductores.


El monstruo Gerión ayuda a los poetas a llegar al octavo círculo del Infierno. Este espacio de tormentos se encuentra conformado por varios recintos, nombrados como “bolsas”, por su singular topografía. En la primera bolsa, padecen los aduladores, como por ejemplo, Venedico Caccianimico y los seductores, como Jasón. Ambos grupos de pecadores transitan en círculos alrededor de la bolsa, en filas contrapuestas, al tiempo que son flagelados sin piedad, por demonios cornudos. En la segunda bolsa yacen los aduladores, los cuales permanecen hundidos en la inmundicia. Dante identifica allí a Alessio Interminei da Lucca, y a Thais.

Llama la atención el modo en el que Dante, a través de un mismo castigo, distingue a los pecadores. Los aduladores, rufianes que hicieron comercio de los favores femeninos con otras personas, se presentan de frente a los poetas. Los seductores en cambio, les dan la espalda. Mientras que al representante del primer grupo, Venedico Caccianimico, es descrito por Dante de una manera grotesca e indigna (e incluso le escupe con desprecio), a Jasón, perteneciente al segundo, Alighieri le demuestra un cierto respeto.



Héroe y villano

Jasón, de acuerdo a la mitología griega, fue un vástago de Esón, rey de Tesalía. Para que aprendiese artes, técnicas de combate y ciencias, fue encomendado al centauro Quirón. A este adalid se le recuerda, principalmente, por haber encabezado la expedición de los Argonautas, grupo de héroes griegos, para viajar hasta la Cólquida y hacerse del Vellocino de Oro. Para lograr tal hazaña, Jasón se valió de la bella Medea, hija del rey de la Cólquida, a la que primero enamoró y luego, una vez obtenido el ansiado trofeo, abandonó sin remordimientos. Poco después Jasón se caso con Creusa.

Cadena de engaños

Otra de las doncellas seducidas por Jasón, fue Hipsipila, a la cual menciona Dante en los versos 91-92. En Lemnos, con argucias, Jasón obtuvo los favores de Hipsipila, y luego fue abandonada por el héroe. Paradójicamente, en este caso, la engañadora fue engañada. Previamente, las mujeres de Lemnos, celosas de sus consortes, habían decidido asesinar a todos los varones de esa isla. Pero Hipsipila se las ingenió para salvar de este destino a su padre Toante, el rey de Lemnos, ocultándole en un lugar secreto. De este modo, Dante tuvo el genial detalle de evocar a tal princesa, en esta parte de la Divina Comedia: figura víctima de un destino aciago, y sobre todo, irónico.