sábado, 29 de septiembre de 2012

"Divina Comedia" Infierno canto XX: los adivinos

En el cuarto recinto del octavo círculo, los poetas hallan a los adivinos. Ellos están condenados a caminar eternamente con la cabeza vuelta hacia atrás.


En el octavo círculo del Infierno, en la cuarta bolsa, yacen los adivinos, es decir, aquellos que buscaron mirar excesivamente hacia adelante. Estos condenados marchan sin tregua, con la cabeza vuelta totalmente hacia atrás, y lamentándose tan hondamente de su pena, que sus lágrimas les corren hasta el nacimiento de la espalda. Dante se conmueve ante ese tormento extremo, pero Virgilio le reprende por demostrar tal conmiseración.

De entre las almas atormentadas en este recinto, destacan célebres adivinos antiguos como Anfiarao, Tiresias, Aronte y Manto. Luego, los poetas conversan acerca del origen de la ciudad de Mantua, la patria de Virgilio, misma a la cual atribuyen su fundación a Manto, la mencionada adivina. Posteriormente, los poetas encuentran a otros adivinos en este mismo espacio de tormento: como el también antiguo Euripilo, y los más próximos al tiempo de Dante, Escoto, Asdente y Bonatti.

Destino marcado

Uno de los adivinos torturados con los que se encuentran Dante y Virgilio, es Anfiarao. Este último fue un adalid legendario griego, uno de los Siete jefes guerreros que sitiaron Tebas. De acuerdo a los mitos clásicos, Anfiarao murió tragado por la tierra, precisamente mientras atacaba esta ciudad. Habiendo utilizado sus dones de augurio, Anfiarao había anticipado su propia muerte en esa batalla, y tal es la razón por la cual, en un inicio, no deseaba participar en ella. Sin embargo, se vio forzado a intervenir, debido a la traición de su consorte, Erifile. A la postre, ella perdería la vida a manos del su propio hijo, Alcmeón, quien vengaría, de esta manera, a su padre. Este asunto es abordado por el gran trágico Esquilo, y posteriormente por Estacio, en su poema la Tebaida.

Dones y prodigios

Tiresias fue otro de los adivinos que Dante encontró en esta parte del Infierno. Este célebre augur, de acuerdo a la mitología griega, halló inesperadamente, mientras vagaba por un bosque, a dos serpientes aparejadas. Al separarlas con su bastón, Tiresias se transformó en una mujer. Siete años después, al hallar a otro par de ofidios, volvió a separarles y así, recuperó su masculinidad. La hija de Tiresias, Manto, a la muerte del viejo adivino, abandonó Tebas, tratando de huir del tirano Creonte. La adivina anduvo errante a lo largo de mucho tiempo, hasta que en un lugar de Italia fundó la ciudad que lleva su nombre: Mantua. En esta urbe nació Virgilio, el gran poeta y guía de Dante.