domingo, 30 de septiembre de 2012

La libertad en el pensamiento antiguo

En el ámbito de la Grecia Antigua, la noción de libertad se relaciona con lo político (estado y ciudadanía) y con lo mítico-religioso (destino y voluntad).


En el ámbito de la Grecia Antigua, la noción de libertad se relaciona con lo político y con lo mítico-religioso. En el primer caso, los griegos, y posteriormente los romanos, se refirieron a la libertad de la polis o de la red pública. Como bien advirtió Hobbes, los antiguos pensaron la libertad como vinculada al poder y la autonomía del estado, más que con relación a las personas. No obstante, tanto griegos como romanos, ponderaron la libertad del individuo dotado con derechos políticos, en su calidad de ciudadano, en contraste con la situación de sometimiento a una tiranía, frecuente en los absolutistas estados orientales.

Política y naturaleza

Este concepto grecolatino de la libertad, estaba definido con respecto a la esclavitud personal y política, algo totalmente contrapuesto a la naturaleza humana, en su plena realización. El segundo enfoque que le daban los antiguos al concepto de libertad estaba más orientado hacia la reflexión sobre el destino, entendido, este último, como disposición cósmica preestablecida, a la cual, incluso las deidades deben someterse. En esta perspectiva, la libertad, para los seres humanos, significaba aceptar el destino y adherirse cabalmente a la armonía profunda de la realidad. Esta idea, que fue brillantemente abordada por los poetas arcaicos y los escritores de tragedias, se manifestó filosóficamente a través del pensamiento estoico, y de allí a la posteridad.

Moral y libertad

Con la irrupción de la sofística, la libertad se relacionó con el tema de la responsabilidad moral. Un ejemplo de lo anterior, lo tenemos en las tesis de Gorgias, en el Elogio de helena, en donde se llega a la conclusión de que la voluntad humana esta obligada a someterse a los designios del azar, las pasiones y los dioses. Otro ejemplo es el del socratismo, en donde se expone que el bien y el mal son consecuencia del conocimiento de la auténtica felicidad y por ende, el pecado no es más que una derivación no voluntaria de la ignorancia. Pero el estudio más minucioso acerca de la libertad y la voluntad del individuo, lo desarrolló Aristóteles en su Ética a Nicómaco. Allí, el Estagirita, utilizando argumentos que se han constituido como clásicos, define a una acción voluntaria y libre como aquella que parte del agente (sin la intervención de coacciones externas), motivada por un conocimiento pleno de las circunstancias que rodean a esa misma acción. Plotino, luego, abordaría el tema, corrigiendo a su modo esta perspectiva aristotélica, al añadir que además del conocimiento de las circunstancias relacionadas con una acción, debía presentarse un conocimiento universal orientado a un bien último, el Uno divino, es decir, la noción más cara al neoplatonismo.