domingo, 30 de septiembre de 2012

"Divina Comedia" Infierno canto XXII: averno grotesco

Aún con los barateros, en el octavo círculo, los poetas son guiados por los diablos centinelas. Un astuto condenado engaña a estos últimos y los hace reñir.


Todavía en el octavo círculo del Infierno, en la quinta fosa, en donde sufren los barateros, Dante y Virgilio son guiados por un grupo de grotescos diablos. De esta manera transitan por la orilla de un estanque de brea hirviente, en donde los condenados padecen, y son incordiados por los diablos Uñicán, Rubialón y Barbaencrespada.

Ciampolo, un navarro destinado a este recinto de castigo, mientras discute con los diablos Dragonazo, Colmilludo y Braguetero, menciona a otros célebres barateros que yacen allí también, como Michel Zanche y fray Comita de Gallura. Al final, el pícaro Ciampolo urde una trampa para los diablos, quienes al verse burlados, comienzan a pelear entre ellos.


Este es un canto que expone contrastes de estilo e imágenes un tanto caricaturescas. Se trata de un despliegue de la destreza estilística de Dante.

Contraste magistral

Dante inicia este canto con los versos: “Mover vi a caballeros su mesnada, comenzar un ataque, hacer floreos y batirse tal vez en retirada…” (vv.1-3), mismos que exhiben un aire caballeresco y épico. Esto como una evocación de la batalla en donde participó Alighieri, la contienda de Campaldino, y de su testimonio personal, en este caso como espectador, de la toma del castillo de Caprona. Y lo hace el poeta florentino para contrastar con el talante cómico-burlesco que adoptará a partir del siguiente verso y durante todo este canto. Esta comicidad granguiñolesca, aunque no desprovista de una cierta epicidad, es una prolongación del canto anterior, el XXI, y llegará a su máximo nivel en la secuencia final de este canto XXII, cuando Dante describa el enfado de los diablos al verse sorprendidos por el astuto Ciempolo, al tiempo en que ellos fraguaban una treta para perder a los poetas.


Ardid infernal

Mientras los diablos hablan con los poetas, Ciampolo aprovecha para escaparse de ellos, quienes querían torturarle, y se pone fuera de su alcance, arrojándose a la brea hirviente. De este navarro no se tienen referencias y son los primeros comentaristas de la Divina Comedia, quienes le dan el nombre de Ciampolo. Este nombre bien podría ser una fonetización italiana del francés Jean-Paul, y de acuerdo a ello, podría tratarse de un personaje relacionado con Francia, quizás perteneciente a una corte tan vinculada a ese país, como lo fue la Casa de Champaña, durante su reinado en Navarra. A final de cuentas, quizás este pasaje de la Commedia nos simbolice el desorden y lo pulsional que el lado oscuro de lo humano siempre tiene asociado.