viernes, 14 de septiembre de 2012

"Divina Comedia": los guías de ultratumba

En la "Divina Comedia", Dante es conducido, desde el Infierno y hasta Dios, por cinco guías diferentes: Virgilio, Estacio, Matelda, Beatriz y San Bernardo.



Auténtico viajero en territorio desconocido, Dante es conducido- de acuerdo a la Divina Comedia- en las sucesivas etapas de su travesía al Más Allá, por diferentes guías, los cuales, cada uno a su modo, son maestros de Alighieri. Unos en el arte poético, como Virgilio y Estacio; otros en la conquista de la fe, como Matelda, Beatriz y San Bernardo. Únicamente estas presencias pueden conducir al peregrino a la noble meta que ansía: la purificación interior, la cual necesita de un auxilio externo y tal es el rol que llevan a cabo los insignes acompañantes.

Cada cambio de guía señala la llegada a una etapa relevante de la ruta transitada. Por esta razón tales cambios ocurren en el Paraíso terrenal y al culminar el recorrido del Paraíso, cuando no queda más que visitar el Empíreo para contemplar la divinidad. En la primera parte de este trayecto, el albedrío reconoce su libertad y en la segunda, su alma deja de ser esclava de la imperfección. Es patente que se manejan en la Commedia dos niveles de significación, partiendo del propio Dante, quien además de peregrino es el portador de la voz poética.

Maestros guiadores

No obstante, hay que reconocer que la utilización de guías en este tipo de textos no es algo particular de Alighieri. Sería provechoso recordar a la Eneida o la Biblia, como ejemplos de obras en donde abundan personajes que efectúan roles parecidos. Los cinco guías de Dante: Virgilio, Estacio, Matelda, Beatriz y San Bernardo, son representaciones del perfeccionamiento de Dante en su tentativa por llegar a Dios.
Virgilio conduce al viajero hasta la el umbral del Paraíso, lo cual lo perfila como la ruta de la “ciencia”, es decir, como falta de maldad, y además, como el orgullo de la Roma antigua y la veneración que Dante sentía hacia el mundo grecolatino y hacia los modelos éticos que se proyectan en la Eneida. Estacio por su parte, se ubica entre el paganismo y el cristianismo. Este poeta admiró grandemente a Virgilio y tras arrepentirse de sus excesos y sus faltas se convirtió a la fe cristiana. Estacio resultaba valioso para Dante como una representación del paso entre la razón (Virgilio) y la fe (Beatriz).

En el caso de Matelda, se trata de una vaga figura que acompaña a Dante en su marcha por el Paraíso terrenal. Pero aún con ello, Matelda tiene mucho en común con Virgilio, por ejemplo, como modelo de perfección de vida activa, y además, por su paz espiritual, particular de los sabios y los buenos cristianos.

Las etapas de la fe

Hasta este punto, los guías simbolizan distintas formas de racionalidad. Al llegar el turno de Beatriz, esta circunstancia cambia radicalmente. La razón deja de ser la característica principal de los maestros de Dante en su camino hacia Dios, y le cede el paso a la fe. En este sentido, Beatriz es la imagen paradigmática de la ciencia revelada y la teología. Virgilio, en la Divina Comedia, no podría haber llevado a Dante más allá, puesto que su máxima posibilidad era la dicha terrenal. En cambio la felicidad eterna Dante solo podrá alcanzarla de la mano de un personaje que condense todas las virtudes posibles; la bella Beatriz. Pero conforme avanzan hacia el Cielo, no solo Dante se perfecciona, sino que la misma Beatriz se va transformando, perdiendo su aspecto físico, hasta tornarse etérea y espiritual.

Y aun con ello, la teología, cuyo símbolo es Beatriz, no basta para visualizar al Creador. Por el esfuerzo místico que esta tentativa supone, el guía que requiere Dante es San Bernardo. Este último acompañará a Alighieri en la última etapa de su travesía. San Bernardo, era un autor de obras de ascética y un promotor entusiasta de la Virgen María. Precisamente, para culminar el viaje de Dante, es la Virgen María quien intercede finalmente por el poeta- devenido en teólogo-, para poder contemplar a Dios.