jueves, 20 de septiembre de 2012

El crisol oriental de la filosofía griega

Ciertas tradiciones judaicas afirman que la filosofía griega surgió en el Oriente, pero la voluntad razonadora y libre de los griegos lo hace improbable.



Cierta tradición que procede de los filósofos judaicos que surgieron en Alejandría, aproximadamente en el siglo I antes de Cristo, asevera que la filosofía griega procede de Oriente. Los pensadores griegos más importantes, de acuerdo a esta idea, habrían extraído de las culturas egipcias, hebraicas, indias y babilónicas, no solamente sus hallazgos científicos, sino además, sus nociones filosóficas más relevantes. Esta perspectiva, que fue difundiéndose a lo largo de las centurias siguientes, derivó en opiniones como la Numenio, un neopitagórico, quien llegó a nombrar a Platón como “el Moisés ático” y esa misma denominación fue utilizada por posteriores escritores cristianos.

Dudosa consideración

No obstante, esta consideración, en última instancia, carece de sólidos fundamentos. Es verdad que se tienen referencias de viajes emprendidos por pensadores griegos al Oriente, como Platón, a Egipto, Demócrito a Mesopotamia, y Pirrón a la India, por ejemplo. Pero las idiosincrasias tan diferentes entre griegos y orientales, tuvo que haber sido un obstáculo difícil de superar para efectos de inspirarse en las creencias y filosofías de aquellos pueblos, para la elaboración sus propias doctrinas. Si acaso es posible admitir, de acuerdo a Herodoto, que la geometría haya surgido en Egipto y de allí se hubiese difundido a todos los demás pueblos de la antigüedad.

Revelación y razonamiento

Por otro lado, hay que tomar en cuenta, que la sabiduría oriental estuvo principalmente orientada a la religión. Era un conjunto de conocimientos que se transmitían castas sacerdotales con el objetivo de cuidarlo y mantenerlo puro. La única fuente de sabiduría en Oriente fue la tradición. En cambio, la filosofía griega era, en esencia, investigación permanente, un acto de libertad intelectual frente a la tradición. Además, la filosofía no era en Grecia, como sí en el caso de los pueblos orientales, el privilegio de una cierta casta, una revelación exclusiva. Los griegos afirmaban que cualquier hombre era apto para filosofar, en su condición de animal racional. Y la racionalidad se encamina permanentemente a la búsqueda de la verdad, de manera autónoma y creativa. La filosofía griega es, por lo tanto, investigación de la realidad, en todas sus facetas, fundamentada en la razón y no en revelaciones divinas, como era el caso de las sabidurías orientales. Y si bien, al final esto puede desembocar en incertidumbre, polémica y nuevas preguntas, y no en soluciones definitivas, justo ese es el máximo valor que puede ofrecer la filosofía: brindarle vitalidad permanente al afán intelectual y comprensivo de lo humano.