sábado, 29 de septiembre de 2012

De sofismas y sofistas

Los sofismas son argumentos que, aunque parecen concluyentes, no lo son. Los sofistas, por su parte, fueron polémicos maestros de sabiduría del siglo V a.C.


El término "sofista" alude a un razonamiento capcioso. En Platón, en la República, se comprende como “pseudoargumento filosófico”. Desde allí, esta noción pasa a Aristóteles, para quien sofisma significa “silogismo erístico”, es decir, un argumento que no tiene validez formalmente, y aunque parece concluyente, no lo es. Por lo tanto, el sofisma es un pseudosilogismo, o deducción aparente, cuyos vicios formales son analizados por Aristóteles en su tratado, Sobre las refutaciones sofísticas.

Trampas del entendimiento

El Estagirita distingue dos clases de falacias. Las primeras se relacionan con el lenguaje utilizado, y las segundas, son independientes de él. En cuanto a las falacias del lenguaje, estas incluyen a la homonomía, anfibología, la vinculación errónea de términos separados, la separación inadecuada de términos unidos, las derivadas de una mala acentuación, y las ligadas a ciertas formas expresivas. Por lo que se refiere a las falacias independientes del lenguaje usado, estas incluyen, por ejemplo, la refutación de una tesis atribuyéndole un sentido diferente al que le corresponde.

Púgiles de la expresión

Quienes se mostraron más astutos en el manejo de sofismas, en la historia de la filosofía, fueron los sofistas. El término sofista tiene dos connotaciones principales: el de sabio o maestro de sabiduría, y además, el de urdidor de sofismas, de razonamientos crípticos y falaces. De entre los sofistas más famosos, puede mencionarse a Protágoras de Abdera, Gorgias de Leontinos, Pródico de Ceos, e Hipias de Elis. Todos ellos estuvieron activos años antes de que naciera Platón y también cuando éste último era muy pequeño.

Ambición y conocimiento

Ya desde la Antigüedad se escuchaban alusiones relacionadas con el sentido negativo de sofistas, es decir, de su afán por indagar, con insolente racionalismo, problemas físicos y morales, propiciando así el escepticismo religioso, y todo por un mercenario deseo de riquezas, puesto que ofrecían sus enseñanzas a cambio de compensaciones económicas. Por ello, Platón, ya en su madurez como pensador, en algunos de sus diálogos más importantes, se dedica a combatir a los discípulos de Sócrates que, expertos en el arte de contradecir cualquier tesis, se transformaron en maestros de una ciencia apariencial y carente de verdad.

En esta segunda generación de sofistas destacaron Calicles, Antifonte, Trasímaco y Critias. La pugna contra los sofistas, de acuerdo a Platón, generalmente derivaba en una confrontación de tipo erístico. A pesar de todo, siempre ha prevalecido la connotación positiva del término "sofista", principalmente con relación a los filósofos del siglo V a. de C., que se reconocieron abiertamente como "sofistas", y que se vincularon conscientemente a cierta estirpe pedagógica de poetas, músicos y profetas de la antigüedad.