viernes, 28 de septiembre de 2012

El extraño arte de Joseph Beuys

El artista recibió al público untado su rostro con miel, hojas de otoño y arrullando a una liebre muerta. Rozó cada obra expuesta con las patas del animal. A continuación se sentó ceremoniosamente en el centro de la galería y comenzó a explicar con oscuras razones el sentido de su exposición. Así era Joseph Beuys, singular creativo, a medio camino entre chaman y visionario.


Joseph Beuys (1921-1985), alemán, participó en la Segunda Guerra Mundial como piloto. En Crimea su avión fue abatido. Beuys logró salvarse, gracias a que unos tártaros le recogieron inconsciente y lo mantuvieron envuelto en fieltro y grasa hasta que pudo recuperarse. Esta experiencia de “renacimiento” marcaría el resto de su existir.

Tras la guerra, por el impacto estético que le provocó la contemplación de una escultura de Lehmbuck, decide ingresar a la Academia de Bellas Artes de Dusseldorf. Este fue el inicio de una extraordinaria trayectoria artística y cultural, una de las más destacadas de todo el siglo XX.



Anhelos políticos, dolor existencial, hermandad con la naturaleza, belleza y libertad. Todos estos elementos y muchos más se conjuntan en las extrañas creaciones de Beuys.

Beuys elaboró dibujos, esculturas, montajes, llevó a cabo performances, diseño instalaciones. Obstinado en rechazar las herramientas ortodoxas de creación artística usaba tierra, sangre de animales, carbón, azufre, chocolate, gises (pizarras), papeles de distinto tipo. Estos materiales proporcionan a sus obras una sugestiva materialidad, una abrumadora contundencia física.

En especial, sus célebres Vitrinas, estructuraban verdaderosmicrocosmos de magia y electricidad en donde las analogías más desconcertantes podían presentarse ante la atónita mirada del espectador.

Un concepto clave para comprender la visión de Beuys es el de “energía”. Para este artista, la energía era algo totalmente inabordable por el conocimiento científico. Investigar a través del arte, este elemento, era constatar que los fenómenos del mundo se hallaban vinculados secretamente, más allá de su aparente dispersión. Por ejemplo, una forma de energía, el calor, simbolizaba para Beuys la generación de materia y amor humano, de allí que sus obras abunden en materias asociadas al calor como el sebo, la miel, el chocolate, la gelatina, pieles animales o la grasa. En contraste, para Beuys el frío. Lo cristalino y lo petrificado aluden a la muerte.



Beuys fiel a su particular manera de experimentar el mundo, llevaba siempre una especie de “traje metafísico” con chaleco de cazador, bastón, sombrero, etc.

Finalmente, es destacable el modo en el que Beuys visualizaba a los animales. Para este artista los animales se han ofrendado para la evolución del ser humano, de tal modo que las personas deben retribuir este sacrificio vinculándose espiritualmente con la esencia de las diferentes especies, en su permanente búsqueda de trascendencia.