jueves, 27 de septiembre de 2012

Erística y filosofía griega

La erística es el arte de provocar controversia, con el objetivo de hacer triunfar una tesis, más allá de su verdad o falsedad.


La erística es el arte de generar controversia, con el propósito de hacer triunfar una tesis, independientemente de que sea verdadera o falsa. Para ello, el erístico se vale de procedimientos retóricos y dialécticos, de la más diversa índole. No obstante, existe una connotación negativa para este término, que parte desde los tiempos de la Grecia Clásica, y se ha mantenido hasta nuestros días.

Innoble práctica

Este lado oscuro de la erística, se ha transmitido, a través de la tradición, con el sentido de una dialéctica desvirtuada, es decir, una instrumentalización maliciosa de las prácticas retóricas. Esta imagen parte de una cierta caracterización de los erísticos, cual si se tratara de una suerte de mercenarios de las palabras, y está presente en la obra de Platón. En efecto, en los diálogos platónicos aparece la figura del retórico, relacionada con ciertos pensadores, y en el marco de una disputa anti-sofística generalizada. Basta recordar la manera caricaturesca en la que Platón retrata, en el diálogo Eutidemo, a dos sofistas de menor rango, herederos de Protágoras y de Gorgias.

Siempre presentes

Más allá de esta singular perspectiva de la erística, por parte de Platón, en la historia de la filosofía, a varios pensadores se les calificó de erísticos, pero por motivos más bien diferentes. Tal es el caso, por ejemplo, de los filósofos de la escuela megárica o de la escuela cínica. Inclusive, los pensadores de la escuela megárica, son considerados por el historiador griego Diógenes Laercio, como los erísticos por antonomasia. Y ciertamente, los megáricos intentaban, en especial a través de los llamados sofismas, la demostración, por medio del absurdo, de sus propuestas filosóficas, a veces hasta el grado evidenciar la ambigüedad y polivalencia de las formas comunes de expresión.

Astutos polemistas

En lo que se refiere a la erística practicada por los filósofos cínicos, ésta partía del presupuesto de que no existe, en el ámbito de la realidad, error alguno que valga: para los cínicos- cuyos exponentes más famosos fueron el fundador de esta secta Antístenes, y su miembro más popular, Diógenes- no es factible afirmar o negar nada con respecto a una esencia, ya que no se puede comparar dos elementos inconfrontables. Por lo tanto, desde la perspectiva de los cínicos, las esencias solo pueden ser nombradas, y el error no puede verificarse. De acuerdo a esta postura filosófica- una de las más controvertidas de su tiempo-, en última instancia, todo es verdadero.