viernes, 21 de septiembre de 2012

Séneca, el gran filósofo latino

Si bien Séneca no fue un pensador original, su obra filosófica es la manifestación más pura y admirable de la ética estoica.



Luccio Anneo Séneca (4-65 antes de Cristo) está considerado -con toda justicia- como una de las cimas de la literatura latina y la filosofía romana. Tuvo una intensa actividad política y social, e incluso llegó a ser preceptor de Nerón, y cuando este último se consagró emperador, Séneca se hizo su consejero personal. Sin embargo, a final de cuentas, por intrigas políticas perdió la confianza de Nerón, al punto que se le orilló al suicidio.

Séneca escribió admirables tragedias y tratados, como por ejemplo, De clementia y De beneficiis. En lo que se refiere a sus obras filosóficas, destacan los Diálogos y las Cartas a Lucilio, ambas de gran contenido moral y práctico. También relevante es el escrito Naturalium quaestionum libri VII.

Sabiduría latina

Séneca tuvo como maestros al neopitagórico Sotión y a los estoicos Átalo y Papirio. Precisamente, estas dos corrientes filosóficas, marcaron hondamente la trayectoria de pensamiento de Séneca, quien, en realidad, no aportó nada nuevo en el plano teorético. No obstante, su obra es una de las manifestaciones más puras de la ética estoica. Séneca considera a la filosofía como una permanente tentativa de virtud y ejercicio de libertad. La realidad se compenetra por la activa providencia divina y los seres humanos son para él, como los miembros de un solo y gran cuerpo. De esta perspectiva parten, tanto la necesidad de respetar a todas las criaturas vivientes, como las célebres iniciativas de Séneca para mostrar caridad a los menesterosos, los desdichados y incluso quienes practican el mal.

Antecesor inesperado

Estas consideraciones por parte de Séneca, acerca de la hermandad humana y a la espiritualidad divina, tan próximas a los discursos del cristianismo, hicieron surgir la leyenda acerca de que Séneca era un cristiano oculto, y que mantenía correspondencia con San Pablo. Una fuente tan respetada como San Agustín, tenía por cierta esta vinculación. No obstante, no existe una comprobación cabal de tal relación. En ultima instancia, la “patria común” a la que se refiere Séneca es completamente terrenal, y la sociabilidad y el amor que proclama son pensados como derivaciones de una fuerza natural y racional, totalmente alejada de la idea de la divinidad judeo-cristiana. Lo más admirable y que distingue sobremanera al pensar de Séneca es, además de una valiente autonomía espiritual, el fomento de la amistad y la comunicación humana, en un esfuerzo conjunto por liberar a la existencia del dolor y la inquietud moral.