viernes, 7 de septiembre de 2012

Dante Alighieri: "La Vida Nueva"

La "Vida Nueva" de Dante lo perfila como uno de los mejores exponentes del Stil Novo, y anticipa el épico homenaje a Beatriz a través de la Commedia.


La obra temprana de Dante se halla influenciada notablemente por el movimiento cultural del Stil Novo. Uno podría pensar que, de acuerdo al imponente multifacetismo de la Divina Comedia, Dante desde sus inicios se hallaba inmerso en graves reflexiones morales, inquietudes políticas, ardorosas pasiones y el deseo de comprender el mundo entero a fuerza de filosofar. Sin embargo, sus rimas juveniles, los poemas incluidos en la Vida Nueva, y otros escritos de esos años mozos, nos presentan a Dante como un joven educado y fino, de aristocrático talante y gran sensibilidad, pero dedicado solamente a desarrollar una sublime historia de amor.

Dante asume todos los planteamientos culturales del Stil Novo: la noción de amor hacia la mujer como prolegómeno y paso del alma, desde la experiencia terrenal, a la sublime contemplación de la divinidad; la predilección por un estilo poético grato y limpio, y la concepción de la poesía como una profunda reflexión sobre el amor, a partir de un planteamiento dulce y original.

Un exponente de altura

En este sentido, cabe preguntarse hasta qué punto fue Dante uno de los mejores exponentes del Stil Novo, es decir, si sus letras exhiben particularidades que lo destaquen con respecto a otros cultivadores de este movimiento. El stilnovismo de Dante se hace manifiesto, principalmente, en la alabanza poética de Beatriz: la arrobada veneración por su dama de pensamientos se transforma en un espiritual idolatrar, descubriendo a la trascendencia misma, en Beatriz amada. En este sentimiento, se percibe siempre el temor a que tal ideal perfecto se difumine, pero en ese galanteo cortés se extraen nuevos impulsos para nobles y profundas reflexiones.

Los motivos visibles y reconocibles de los demás poetas stilnovistas, se perfeccionan en la Beatriz dantesca, abstrayéndose en una etérea indeterminación: su fémina belleza es pura y ultramundana. Las loas llevadas a cabo por Alighieri a Beatriz ostentan tanta musicalidad como sublime altura.

Los inicios de un sentimiento

Una buena introducción al poético fervor de Dante por Beatriz, nos la ofrece su obra la Vida Nueva. La unidad que muestra este “libello” (según el propio Dante lo llamó) es sobresaliente por su armonía. La Vida Nueva combina prosa y poemas insertos. Estos últimos son de un gran lirismo. En total se nos presentan en la obra veinticinco sonetos, cuatro canciones, una balada y una estancia suelta, sin canción. En esta obra, Dante narra su encuentro con Beatriz a la edad de nueve años (ella tenía ocho). Nueve años más tarde la vuelve a ver y entonces toda su alma se llena de adoración por tan bella joven.

Por temor a que sus conocidos se percataran de su pasión por Beatriz, Dante la disimuló cortejando a otra muchacha. Al conocer este detalle, Beatriz le retira el saludo. Poco después ella muere, lo cual agobia intensamente al poeta. Desde entonces, Dante se afanó en poéticas alabanzas dedicadas a su amor imposible. El poeta buscó apaciguar su dolor entablando amoríos con otra joven, pero esa relación duró muy poco, puesto que la visión de Beatriz volvió a colmar su agitado interior. La obra culmina con otra visión experimentada por Dante, y su decisión de no hablar más acerca de Beatriz, hasta que pueda componer algo a la altura de su noble recuerdo. Esto último, sin duda, se trata de una alusión a la obra más importante de Alighieri, la Divina Comedia.

Armonía magistral

Las composiciones poéticas de la Vida Nueva no ven disminuido su encanto con la reposada prosa que las complementa, sino más bien todo lo contrario: la prosa, en perfecta arquitectura, construye el ambiente propicio para dejar fluir la espiritualidad de la lírica dantesca. Y en el centro de la obra, se levanta la figura de Beatriz, hermosa y grave, rebosando de simbolismos morales y religiosos, los cuales surgen de una auténtica vivencia de sentimientos y anhelos de lo trascendente por parte de Alighieri, quien, en parte, se inspira en las obras de la ascética, la mística y la hagiografía de la cultura duocentista.