domingo, 30 de septiembre de 2012

"Divina Comedia" Infierno canto XXIV: los ladrones

Los poetas se encuentran con los ladrones. Estos yacen entre sierpes, y cada que son mordidos, se consumen en llamas para luego renacer de sus cenizas.


En la séptima fosa del octavo círculo del Infierno, tras haber escapado definitivamente del acoso de los diablos Malacola, Dante se alegra al ver a Virgilio de nuevo sereno, y decidido a seguir la marcha. Fatigosamente, escalan la escollera de la séptima fosa. En ella, hundidos entre agresivas serpientes, penan los ladrones. Uno de los condenados, recibe en el hombro la mordida de una de estas sierpes gigantescas. Acto seguido, se incendia y consume entre horribles estertores. Inmediatamente, sus cenizas se congregan hasta formar de nuevo su forma original y repetir ese calvario.

El condenado en cuestión se trata de Vanni Fucci, en vida, enemigo político de Dante. Apesadumbrado por dejarse ver en tan lamentable situación por Alighieri, Fucci, en venganza, le vaticina la caída de los Blancos, y su posterior expulsión de Florencia, por la facción de los Negros.

Simbolismo doloroso

En la imagen de esta séptima fosa infernal, rebosante de serpientes, se observa la perspicacia creativa de Alighieri. Es frecuente hallar similitudes simbólicas entre el ser furtivo, vil y alevoso de la serpiente, y la figura del ladrón. De nueva cuenta se presenta, en este pasaje de la Divina Comedia, una adecuación entre el castigo al que se ven sometidas las almas, y el pecado que cometieron en vida. Por otro lado, destaca en este canto, el grotesco inventario que hace Dante de diferentes clases de ofidios, algunos de ellos fantásticos. El poeta florentino se inspiró para ello en cierta escena de la "Farsalia" de Lucano y, posteriormente, evocando al propio Dante, el visionario John Milton, describirá su tenebroso serpentario del Pandemonium, en el "Paraíso Perdido".



Tortuoso renacimiento

Dante compara el modo en el que el Vanni Fucci vuelve a formarse de sus cenizas, tras haberse consumido en llamas por la mordedura de una serpiente, con la mágica dinámica del ave Fénix. Esta criatura mitológica, mencionada por Ovidio y varios otros autores antiguos, periódicamente se arrojaba a una hoguera, para luego renacer desde sus cenizas, o bien, para propiciar que de ellas surgiera un nuevo descendiente. Además, Dante menciona en los versos 109-111 que el ave Fénix “en su vida ni grano o hierba pace, más lágrimas de incienso o bien amomo, y su pira de mirra y nardos hace…”. Por lo tanto, alimentada de sustancias y plantas aromáticas, la figura del Fénix desprende una evocación atávica ritualizante, que hace más fascinadora su rememoración, en el primordial y oscuro Infierno dantesco.