jueves, 27 de septiembre de 2012

Redes sociales, lenguaje y mundo

Es posible que el uso de las redes sociales beneficie en mucho la manera en la que los seres humanos construyen cotidianamente la realidad. Pero esta circunstancia va más allá del simple establecimiento de acuerdos de sentido, dinámica derivada del diálogo y el intercambio de perspectivas. Acaso espacios como Twitter y Facebook logren que cada persona consolide positivamente su relación con el mundo.


Cierta lectura del fenómeno del lenguaje llevada a cabo por el pensador alemán Martin Heidegger nos servirá como pauta para comprender la situación comentada anteriormente.

La esencia de lo humano

Para Heidegger lo que define a los seres humanos es el habla. En prácticamente todas las actividades del vivir, el habla se hace patente: despiertos o dormidos, con el lenguaje articulado o sin sonido alguno, cuando no se lee o cuando no se escucha. En cada momento el habla orienta los derroteros de nuestro vivir, sin que voluntad alguna origine tal manifestación.

Se dice que el ser humano posee naturalmente la facultad de hablar, pero Heidegger deriva mucho más de esta afirmación convencional. De acuerdo al pensador teutón, el hecho de que el humano posea por naturaleza el habla no significa que además de otras cualidades, tenga también la de comunicarse con los demás por medio de la palabra. Para Heidegger, el habla es lo único que permite al hombre a constituirse como el ser que, en tanto que humano, es.

La expresión instauradora

Según Heidegger el habla nos llega al encuentro desde todas partes y a cualquier sitio a donde se enfoque el pensar, el habla está allí aguardando. Cada pensamiento es así, una tentativa por determinar de lo que en el habla se nos muestra.


Las redes sociales son espacios en donde la realidad expresa sus propias formas a través del intercambio de pareceres entre los dialogantes. El habla que se nos presenta en las redes sociales siempre es ajena, no es aquella de la propia conciencia que nos exhibe el contenido del pensamiento, es decir, una posible esencia de las cosas. De tal modo que, en la riqueza hermenéutica que fomenta la comunicación en las redes sociales, el habla gana en dimensiones y alcance en su interacción con el pensamiento: lo que antes nos parecía algo esencial en un objeto de la realidad, ahora, al contrastar mi palabra con la de muchas personas más, cambia y crece, exponiendo nuevas facetas.

Las redes sociales nos ayudan, por lo consiguiente, a hacer más valioso el ejercicio de la palabra en el diálogo continuo y con ello, la manera en la que lo humano se piensa en el mundo, es decir, en todo su posible ser.