miércoles, 26 de septiembre de 2012

El diálogo platónico "Menón"

En el diálogo platónico "Menón", se investiga acerca de la naturaleza de la virtud y el origen de la sabiduría.


En el diálogo Menón, se abordan dos temas principales, el segundo de ellos estrechamente vinculado al primero, considerándolo como un presupuesto de su propio planteamiento. Además, el Menón también se relaciona en gran medida con el diálogo Fedón, por lo cual, se torna recomendable leerlo inmediatamente después de éste. El primer problema planteado en el Menón, es el de saber si la virtud se puede aprender, como se asimila en el intelecto un conocimiento, o bien se le otorga al ser humano por su propia naturaleza o a través de alguna otra causa sin descubrir.

Búsqueda interior

Platón, en este diálogo, hace que Sócrates se ocupe en la definición de la virtud, es decir, la identificación de una unidad. Para ello, el viejo sabio interroga a Menón acerca de qué es lo virtuoso, y este último le brinda diferentes ejemplos de virtudes. Pero Sócrates le responde que todas ellas son variaciones y, en cambio, lo que buscan es la virtud en sí misma. En esta parte del diálogo, un segundo problema se agrega al inicial, a la vez que, en cierto sentido, nos orienta hacia una posible respuesta. Las preguntas pertinentes son ahora, ¿Cómo buscar lo que se desconoce? ¿Cómo saber que se ha hallado lo que se buscaba si no se le conoce de antemano?

Prodigiosa demostración

Aquí es donde Platón nos narra el célebre episodio en donde un joven sirviente, guiado únicamente por las preguntas que le hace Sócrates, resuelve un teorema geométrico que desconocía por entero. Al parecer, estas nociones surgieron en el interior del sirviente, como si se tratara de las imágenes de un sueño, pero solo a través del quehacer mayéutico de Sócrates termina el joven por comprender que esos datos se refieren, ciertamente, a la realidad. Platón plantea que ese sirviente aprendió por sí mismo, la ciencia necesaria para resolver el complicado problema que se le planteó. Pero tuvo que hacerlo en otra temporalidad, una que Platón denomina como tiempo eterno. En este ámbito solo existía su alma, y por ende, la verdad del ser está en el alma, y ella es inmortal.

Pregunta abierta

Siguiendo con el diálogo Menón, una vez que Sócrates ha terminado su sorprendente dinámica con el sirviente, el viejo sabio persiste en indagar por una definición de la virtud. Por tratarse la virtud de un bien, puede ser considerada como una ciencia. Además, ciertas virtudes, como el valor, por ejemplo, sin el espíritu, sin el saber, no tienen posibilidad de existir. Por ello, la felicidad solo puede ser alcanzable por medio de la reflexión. Y a pesar de todo, Platón considera que no es vía el saber como se puede alcanzar la virtud, puesto que la virtud no puede ser enseñada. La educación produce buenos oradores, pero nunca sabios. Por ello, a los seres humanos virtuosos se les debe considerar como divinos, puesto que un soplo del dios les alcanza. De esta manera, Platón, a través de Sócrates, concluye el diálogo Menón. La interrogante acerca de qué es la virtud no ha podido ser contestada definitivamente, pero, por lo menos, ha motivado la reflexión, es decir, el latir de la sabiduría.