domingo, 30 de septiembre de 2012

"Divina Comedia" Infierno canto XXIII: los hipócritas

Los poetas escapan de los diablos Malasgarras y llegan a la sexta fosa, en donde los hipócritas marchan eternamente, llevando pesadas capas de plomo dorado.


En el octavo círculo del Infierno, los poetas prosiguen su marcha, tras alejarse de los diablos del quinto círculo, enfrascados en su lucha. Sin embargo, Dante siente temor por el posible acoso de los diablos Malasgarras, furiosos por haber sido burlados. Y en efecto, poco después aparecen en el aíre, agitando sus alas y acercándose amenazadores hacia los poetas. Virgilio entonces sujeta a Dante, y con el fin de escapar, se arroja de cabeza al abismo que separa a la quinta de la sexta bolsa. En ese ámbito se encuentran con las lerdas y tristes figuras de los condenados por hipocresía.

Estas almas se ven forzadas a avanzar eternamente portando pesadas capas de plomo dorado. Alighieri se detiene para hablar con dos de estos condenados: Catalano dei Malavolti y Loderingo degli Andaló. Además, Dante y Virgilio se encuentran con Caifás, el sacerdote judío que recomendó la muerte de Jesucristo. Este personaje bíblico yace clavado en la tierra con tres palos y debe soportar el peso de quienes sobre él caminan. Finalmente, el mismo Catalano hace patente a los poetas la mala orientación que les había dado el diablo Malacola y les indica la ruta correcta.



Fábula siniestra

En este canto, Dante evoca a los diablos Malasgarras, burlados por el navarro del recinto anterior, y por ello, combatiendo furiosos entre sí. Al hacerlo dos de ellos, Patahelada y Alituerto, caen a la brea hirviente. Este acontecimiento es comparado por Dante con una fábula del griego Esopo- bastante siniestra y posiblemente apócrifa- en donde una rana transporta a un ratón sobre su espalda para cruzar un estanque. La intención secreta de la rana es ahogar al ratón en la mitad del estanque. Pero cuando está a punto de llevar a cabo su plan, un raudo halcón desciende y los captura a los dos.

Señales de vida

Las almas de los condenados por hipocresía se percatan de que Dante está vivo, por el movimiento de su garganta al hablar. Lo anterior ya lo habían percibido otras almas y demonios del Infierno dantesco, pero a través de señales diferentes: en el canto VIII, por la inclinación que el peso de Dante ocasionó en la barca de Flegias; en el canto XII, por el movimiento ocasionado en las piedras del camino por los pasos del poeta; y así sucederá en el canto XXXII, por patear, en su marcha, cabezas de los condenados en Antenora, y en el canto III del Purgatorio, por la sombra que su cuerpo proyecta, por la luz de un sol que, allí si, se hace visible.



Macabro castigo

La condena de los hipócritas, portar pesadas capas de metal, no es una invención meramente alegórica, por parte de Dante. Se dice que el emperador Federico II obligaba a los presos por lesa majestad, a llevar vastas capas de plomo. Y aunque tal referencia no está plenamente comprobada en el caso de dicho emperador, se sabe con certeza que dicha tortura era practicada por los reyes escoceses. Lo anterior ha sido registrado por el literato Walter Scott en su obra, "Balada de Lord Soulis".