domingo, 30 de septiembre de 2012

Las emociones según la filosofía griega

Para la filosofía griega, la emoción era el referente del valor asociado a una vivencia, y estaba relacionada con el placer o el dolor.


Para Aristóteles las emociones eran afecciones del alma asociadas al placer o al dolor. De hecho, tal placer o tal dolor han de ser consideradas como advertencias del valor que tiene para su existencia, el acontecimiento o la vivencia asociada a tal sensación. Por lo tanto, de acuerdo a la perspectiva aristotélica, las emociones son reacciones inmediatas de los seres vivos ante circunstancias que pueden ser positivas o negativas para ellos. En esa vivencia se encuentra resumida, en la carga sentimental, una experiencia capaz de poner en guardia al ser viviente para afrontar tal situación utilizando los recursos que tenga a la mano.

Armonía en riesgo

La primera teorización de las emociones, en el sentido antes comentado, fue desarrollada por Platón en el diálogo "Filebo". El dolor acontece cuando la armonía esencial para un ser vivo se encuentra en riesgo y el placer, por su parte, cuando esa proporción es recuperada. En este sentido, Aristóteles, al pensar el placer como asociado con la realización de un deseo natural, le asigna la misma cualidad restablecedora de una condición original de ser. Lo doloroso, por lo tanto, se vincula a lo que aleja a un ser vivo de este estado natural, de sus deseos y las necesidades interiores que lo animan.

Tipos de emociones

Justamente fue el Estagirita, quien en su obra "Retórica", ofrece uno de los estudios más completos, jamás realizados, acerca de las emociones. Como muestra, basta leer lo que considera sobre el miedo: “Es un dolor, o una agitación, producida por la perspectiva de un mal futuro, que pueda producir muerte o dolor.” Y es que Aristóteles piensa que, en realidad, no se temen todas las calamidades, sino solamente aquellas que se exhiben como inminentes o inmediatas. Los seres humanos, generalmente, no tienen miedo de las cosas muy lejanas: todos saben que han de morir, pero hasta que la muerte no se percibe como próxima, no resulta motivo de preocupación.

La razón del sentimiento

El temor se reduce o desaparece conforme se hacen menos ominosos los males, o se presenten como inexistentes. Por ello, las riquezas, el poder, tener muchos amigos, generan en las personas despreocupación de los males, audacia y una actitud despectiva con relación al peligro. De ello, parte la perspectiva manejada en la filosofía griega sobre las emociones, considerándolas como “índices” de una situación determinada, es decir, referentes del valor que éstas entrañan para el existir.