martes, 25 de septiembre de 2012

El fantasma azul: la dinámica del pensar

El mundo moderno, con su tecnología multifacética y continuas transformaciones sociales, es una derivación de ciertos procesos mentales. Resulta sorprendente considerar que cada elemento que estructura la cotidianidad fue alguna vez una serie de pensamientos. ¿Cuál es la trayectoria que tiene la interioridad humana para hacer transitar realidades tan diferentes en aras de construir el mundo?¿Cómo se logra “materializar” las ideas? En seguida intentaremos una propuesta.


Si bien existen diversas explicaciones para entender este proceso, de acuerdo a los diferentes discursos desde donde se propongan, lo que intentaremos aquí será hacer comprensible esta humana dinámica, tomando como referencia el color azul y tres grandes obras de la pintura posmoderna.


El acercamiento

En la Gruta azul, oleo de Sandro Chia, podemos hallar una perfecta ilustración para comprender la manera en la que las personas se acercan a las cosas. Cuando alguien piensa sobre un objeto, en cierto modo se aleja lo más posible de este: a través de la abstracción de ciertos elementos- por motivos que pueden ir de lo pragmático a lo lúdico- quien piensa se abisma en una gruta azul- profunda, de posibilidades infinitas- teniendo como punto orientador una luz, el objetivo que se persigue con la construcción mental- el objeto-elaborado. Como quiera que sea, cada que pensamos en algo, nos extraviamos un poco en lo contemplado, caemos en el interior de nuestra propia posibilidad.



La alusión

La Antropometría de la época azul, de Yves Klein, nos señala una etapa posterior de este proceso, en la que la idea- la luz brillante de la ilustración anterior- ha sido alcanzada. Lo pensado y el pensador se entreveran en una intención gestadora de ser. No existe una idea aún, ni tampoco una derivación material de esta última, pero el motor de esta transformación se hace patente en la alusión, la referencialidad abierta que puede dar como resultado cualquier posibilidad de mundo. Es esta expresividad azul de Klein, el terreno de la genialidad, de los grandes descubrimientos científicos y culturales.


Lo concreto

Finalmente, en El fantasma azul, de la autoría de Wols, podemos comprobar el resultado de esta metamorfosis. Quien piensa, ha transitado hacia lo absolutamente otro: una idea se ha producido. No es lo mismo que se captó en un inicio, ahora es otra cosa, algo concreto, capaz de influir en la realidad cotidiana de las personas. En cada elemento con el que interactuamos día con día, es posible percibir esa presencia inasible- la conciencia gestadora- a la que alude Wols con arañazos en el lienzo, marcas, señales, puntos, fugas. Esta es la capacidad más valiosa que tiene lo humano: dialogarse en la posibilidad ilimitada de lo que percibe, para re-crearse en el tiempo y la vida, por medio del pensar.