jueves, 27 de septiembre de 2012

"Divina Comedia" Infierno canto XIV: la lluvia de fuego

En el ámbito de los violentos contra Dios, los poetas se encuentran a Capaneo y otras almas penando en un arenal bañado por una eterna lluvia de fuego.


Séptimo círculo del Infierno, el lugar donde penan los violentos. Tras haber dejado atrás el bosque de los suicidas, Dante y Virgilio penetran en un vasto arenal en donde cae pertinaz, una lluvia de fuego. Allí se encuentran, andando de un lado a otro, tumbadas de cara a las brasas, o sentadas lamentándose de su calvario, a las almas de quienes fueron en vida violentos contra Dios. Los poetas hablan con uno de los pecadores que allí padecen: Capaneo, uno de los siete reyes que asoló la ciudad de Tebas, de acuerdo a los mitos griegos.


Luego, al preguntarle Dante a su maestro acerca del origen del río Flegetonte, cuya corriente de sangre atraviesa el bosque de los suicidas y rodea el arenal de fuego, Virgilio le refiere cómo, en la isla de Creta, existe un anciano gigantesco-símbolo de la humanidad- elaborado de diferentes materiales y que llora eternamente: justo de allí brotan los ríos del inframundo.

Fulminante castigo

Capaneo fue vástago de Hiponoo y Laodicea. Formó parte de la famosa expedición que armaron siete poderosos reyes de la antigüedad griega, para tomar la ciudad de Tebas. Su objetivo era echar de ella a Eteocles, para que gobernara, en su lugar, Polinice, su hermano gemelo y otro miembro de los siete. Mientras escalaba las murallas de Tebas, Capaneo lanzó tal reto a los dioses, que Zeus, enfurecido, lo fulminó con un relámpago. Por este episodio, Capaneo, aun siendo pagano, es el único personaje con el que dialoga Dante, en el arenal de los violentos contra Dios. El asedio a Tebas fue motivo inspirador de Esquilo, quien escribió una de sus magistrales tragedias acerca de ello. Sin embargo, Dante conoció la referencia a Capaneo en la Tebaida, de Estacio, poeta que será su guía en cierta etapa del Purgatorio.



La amarga ironía de ser

Virgilio le explica a Dante, con respecto a las fuentes de donde brotan los ríos del Infierno, que, en la isla de Creta, existe un anciano colosal. Este gigante le da la espalda a Oriente y mira siempre hacia Roma. Su inmensa mole está formada, la cabeza, de oro, los brazos y el pecho de plata, el cuerpo de cobre, las piernas de hierro y finalmente, los pies de arcilla. El anciano llora eternamente y este brote desconsolado orada el monte en donde yace el coloso, penetrando en las regiones subterráneas del mundo y formando los ríos infernales: el Flegetonte y el Leteo. Esta bella alegoría de Dante, acerca de las cuatro edades del hombre, y su simbolización con diferentes materiales, refiere a ciertas imágenes bíblicas. Además, simboliza una perspectiva cultural de gran escala: el anciano le da la espalda a Oriente (Egipto) y mira hacia Occidente (Roma), como si Alighieri proclamara, de esta manera, la supremacía del cristianismo occidental en contra de las religiones orientales.


Finalmente, el poeta florentino, con genial ironía, expone como, a final de cuentas, el ser humano forja su propia condena: el anciano gigantesco, referencia a la humanidad pecadora, con su llanto- quizás de remordimiento- le da cauce a las corrientes que posibilitarán su propia tortura- como un doloroso bautismo purificador- en el mismo Infierno.