lunes, 1 de octubre de 2012

Empédocles y la reencarnación

Empédocles defendía la metempsicosis: doctrina según la cual las almas humanas ingresan, tras la muerte, en distintos cuerpos de plantas y animales.


Al presocrático Empédocles se le relaciona, por lo general, con su filosofía de los cuatro elementos (aire, agua, fuego y tierra), considerados como los fundamentos dinamizadores de la naturaleza (physis). Pero además, otro rasgo menos conocido por parte de este pensador griego, también resulta de enorme interés. Se trata de su perspectiva de la metempsicosis, es decir, la doctrina según la cual las almas humanas ingresan, tras la muerte, en diferentes cuerpos humanos o animales.

Odisea celestial

De acuerdo con Empédocles, las almas, en primera instancia, gozan de una estadía feliz en el cielo. Por causa de cierto pecado, las almas son expulsadas de este ámbito divino. Quienes resultan culpables de alguna falta grave, como homicidio o perjurio, padecen un destierro de 30,000 estaciones, renaciendo durante este periodo, en los cuerpos de distintos cuerpos de animales y humanos. El propio Empédocles se consideraba un alma exiliada en la realidad terrestre. Las almas, según el testimonio del propio Empédocles, se encuentran constreñidas a una fatigosa peregrinación por diversos sitios y cuerpos. Cada uno de estos cuerpos es visualizado por Empédocles, no como una mortaja, como lo veían los órficos, sino como una suerte de túnica.

Camino a la eternidad

Esta perspectiva explica, además, que los cuerpos en donde se lleva a cabo la metempsicosis, no corresponden solo a los de los seres humanos, sino que también es factible reencarnar en diferentes clases de plantas y de animales. No obstante, cuando una persona fallece, antes de volver a nacer en otro cuerpo, pasa un tiempo en las tinieblas del Hades. Casi seguramente Empédocles consideraba que el ciclo de las reencarnaciones era diferente para cada alma. Pero, como quiera que sea, en las etapas finales, las almas volvían a nacer en adivinos, médicos, poetas y príncipes, para terminar transformándose en deidades de gran señorío y dignidad.

Doctrinas conciliadas

El reto más complicado que plantean estos planteamientos escatológicos de Empédocles, es saber cómo conciliarlos con el estudio de la naturaleza desarrollado por este mismo filósofo. Pero si se estudia con detenimiento su visión del alma, se hace patente que, en el fondo, no hay contradicción alguna entre los cuatro elementos dinamizadores de la realidad física, y la mecánica de las reencarnaciones antes comentada. Y es que Empédocles atribuye un alma, no únicamente a los seres humanos, sino también a las plantas y a los animales. Tales almas surgen a través de la mezcla de varias sustancias corporales, lo cual refiere, a final de cuentas, a una combinación de elementos, es decir, la idea fundamental de la filosofía de Empédocles.