jueves, 20 de septiembre de 2012

La figura del sabio en la Grecia Antigua

Las cualidades que definen al sabio, de acuerdo al pensamiento filosófico de la antigüedad, son la imperturbabilidad, el aislamiento y la autonomía.



El estereotipo del sabio antiguo, fue perfilado en la cultura griega del periodo alejandrino, por cuenta de los epicúreos, escépticos y estoicos. Sin embargo, fueron estos últimos filósofos, quienes fijaron en la tradición, los rasgos esenciales de esa figura. La cualidad esencial que define a un sabio como tal, es la serenidad o indiferencia que muestra ante los acontecimientos de la vida cotidiana. Esta cualidad fue denominada comoataraxia, aponía o apatía.

A continuación mencionaremos algunas de las características que, de acuerdo a los filósofos helenísticos, caracterizan a los sabios.

Aislamiento

Es la distancia que pone el sabio entre sí y las demás personas, considerando que no tiene nada en común con ellas, y que, precisamente, ese alejamiento le otorga una perspectiva más vasta y profunda de las cosas. Estobeo, escritor antiguo, refería que los estoicos consideraban que existían dos clases de hombres: los que practicaban el aislamiento y los que no lo hacían. A los primeros los consideraban como sabios, en tanto que, a los demás, los tenían por seres de escaso juicio.

Autarquía

Para Aristóteles, los hombres justos y en general todas las personas honorables, precisan de los demás, para ejercitar su virtud. El sabio, en cambio, tiene la capacidad de contemplarse a sí mismo en su ser virtuoso y cuanto más detente esta autarquía, esta autonomía, más sabio es. Y si bien Aristóteles refería esta autosuficiencia del sabio, al ámbito meramente contemplativo, los filósofos helenísticos lo hicieron extensivo a las demás expresiones del vivir, en especial a lo ético.

La renuncia

En esta cualidad del sabio, ponderaron sobre todo los estoicos latinos, como el filósofo Marco Aurelio, Séneca y Epicteto. La célebre distinción establecida por este último pensador, entre las cosas que están al alcance del control del hombre, como sus estados de ánimo, y las cosas que quedan fuera de su potestad, como lo son las cosas externas, hacen que, quien es verdaderamente sabio, renuncie a estas últimas, y se concentre solamente en las que se encuentran bajo su poder, es decir, sus estados interiores, su manera de pensar.

La conciencia

Este es un rasgo añadido a la figura del sabio por cuenta de los neoplatónicos. En este caso, se exalta la facultad de los sabios de mirarse a sí mismos y extraer de allí, todo de sí. Plotino lo expresa de esta manera: “El sabio extrae de sí mismo lo que manifiesta a los demás: él se mira solo a sí mismo, no solo tiende a unificarse y aislarse de las cosas exteriores, sino que está replegado en sí mismo y encuentra dentro de sí, todas las cosas”. Esta dinámica, gracias a la cual el sabio se mira a sí mismo y encuentra todo dentro de sí, es la conciencia, y desde esta perspectiva, el sabio orienta la trayectoria de su vivir.