miércoles, 26 de septiembre de 2012

Un ideal para vivir

En ciertos momentos de la existencia, súbitamente, el vacío nos abruma. En esos instantes ninguna actividad resulta satisfactoria, nada nos motiva. Lo peor es el desencanto que produce ese inesperado develar, esa dolorosa toma de conciencia acerca de lo vano de los días. No obstante, esos aciagos periodos pueden ser la oportunidad para un cambio de paradigma personal y así transformar el mundo que nos rodea en un lúdico descubrimiento.


Agotamiento interior

El tedio existencial se presenta cuando aquellos procesos de vida que alguna vez llenaron de sentido la conciencia han dejado de lograrlo. Esto puede acontecer por la excesiva repetición de tales prácticas o bien, por la falta de reconocimiento por alguna labor emprendida. Sin importar la posible causa, hay que aceptar que los acontecimientos del mundo tienen lugar indefectiblemente y que es tan relevante asumirlos e intentar modificarlos, como adecuar nuestro vivir a tales aconteceres.

Atajo a la sabiduría

Lo importante aquí es destacar como, lo que parecía una realidad inamovible, ha variado de pronto, de acuerdo a nuestra experiencia. Este desplazamiento de sentido, puede llegar a ser, la piedra de toque para un cambio de rumbo personal totalmente satisfactorio. Así entonces, en el tedio, tal y como sucede en otras experiencias límite de la humana existencia- la cercanía de la muerte, el insomnio, la angustia, la ira o el miedo-, es vivenciable la relatividad de todo lo que se presente como una realidad absoluta. Estar aburrido es un poco como tomar el camino más corto hacia la sabiduría, para luego perderla de nuevo y ganarse en la cotidianidad.


Libertad insospechada

Si en ciertos estados de ánimo, la vida se muestra desnuda y revela el vacío que la cohesiona, con relación a lo humano, entonces, en lugar de caer en la desesperación, lo que conviene hacer es sacarle provecho a esas inéditas oportunidades de libertad. Uno puede recomponer la manera de relacionarse con las cosas, cuando se han identificado espacios para realizarlo y así, dejar de ver el mundo de la manera en la que se acostumbraba, para experimentarlo diferente, tras esos difíciles periodos de transición. Ese es el mejor camino para estabilizar el ser propio y construir felicidad. En última instancia, no se necesita un ideal para vivir: el vacío puede ser un mejor motor de ser, cuando se deja de ver en él una barrera y se visualiza como un horizonte por alcanzar.