viernes, 7 de septiembre de 2012

Tezcatlipoca: oscuro dios del México Antiguo

Asociado a la noche, protector de los cazadores y de los jóvenes guerreros, Tezcatlipoca fue una de las deidades más importantes del México Prehispánico. 


Uno de los dioses más relevantes del panteón mesoamericano, y quizá el que cuenta con una mayor pluralidad de formas, es Tezcatlipoca. Inicialmente representaba el cielo nocturno, y por ello se vincula con las deidades estelares, por ejemplo, con la luna, y también con aquellas relacionadas con la maldad, la destrucción y la muerte.

Tezcatlipoca funge como patrono de los chamanes y los ladrones de caminos, pero asimismo tiene juventud eterna, y por ello es nombrado como el Telpochtli, es decir, “el que nunca envejece”. También es Yáotl, el adversario, el protector de los guerreros, y por ende, se encuentra cercano a Huitzilopochtli, el dios de la guerra de los aztecas.

Una deidad respetada

El significado de Tezcatlipoca es “espejo humeante”, y por ello, su ídolo estaba teñido con un singular tizne que despedía reflejos metálicos con la luz. Precisamente a estos destellos los indígenas los denominaban como tezcapoctli, es decir, “humo espejeante”.


Dios de la providencia, Tezcatlipoca poseía la ubicuidad y comprendía perfectamente los menesteres humanos. Tal fue la razón por la que, ya sea en forma directa o a través de una de sus variadas advocaciones Tezcatlipoca fue intensamente venerado no únicamente en Tenochtitlan, sino también en otras regiones del México Antiguo, como por ejemplo, en Texcoco.

Tezcatlipoca, en cierta manera, es similar y al mismo tiempo contrapuesto a Huitzilopochtli, puesto que este último numen alude al cielo azul, es decir, el firmamento diurno, en tanto que Tezcatlipoca representa al firmamento nocturno. Mientras que el dios del espejo humeante es el guerrero del norte, el dios colibrí, Huitzilopochtli, es el guerrero del sur.

Civilizador y beligerante

Pero otro mérito le corresponde a Tezcatlipoca, de acuerdo a los relatos míticos prehispánicos: ser inventor del fuego. No obstante, esta última proeza la comparte con el tradicional dios patrono del fuego, Xiuhtecuhtli- también conocido como el señor del año- Huehuetéotl (que significa “el dios viejo”), o bien, Ixcozauhqui, “el del rostro amarillo”.

Además, a Tezcatlipoca se le reconoce como el protector de los príncipes y por ello, él mismo recibe la denominación de Nezahualpilli, “el príncipe ayunador”, o bien, como “Ome Acatl”, nombre calendárico, y que se relaciona con la realización de banquetes y convites.


Uno de los fetiches de Tezcatlipoca es el cuchillo de obsidiana o de pedernal, y por él recibe el nombre de Iztli o de Técpatl; así también, como señor del hielo y del frío, se le conoce como Iztlacoliuhqui, “el cuchillo curvo de pedernal”. Tezcatlipoca es además el dios de la miseria y los pecadores. Su disfraz predilecto es el de jaguar, y con él es Tepeyolohtli, “el corazón del monte”.

Otra de sus funciones es la de presidir en la morada de los guerreros solteros, es decir, el tepochcalli, la academia militar para los jóvenes humildes. En contraste, la serpiente emplumada, el dios Quetzalcóatl, preside el calmécac, la academia de los jóvenes nobles, quienes egresaban de allí como jueces, jefes militares, reyes o sacerdotes.

Al ser un dios joven, Tezcatlipoca llega primero en la festividad del retorno de las deidades en el mes “Teotleco”. En esta fiesta se celebra su rapto de Xochiquetzal, la consorte de Tláloc, el viejo numen de la lluvia.

Representaciones y atavíos

A Tezcatlipoca se le representa en los códices por un espejo humeante que lleva en una sien, y otro que porta en lugar de una pierna, al serle devorada por el monstruo de la tierra. Este mito puede ser comprendido en términos astronómicos- desde la perspectiva de las regiones más australes de Mesoamérica- cuando una de las estrellas de la Osa Mayor, se torna invisible al ser cubierta por el horizonte.


Por ser una deidad nocturna, Tezcatlipoca es de color negro, aunque en su faz lleva una serie de rayas horizontales pintadas, de color amarillo y negro, las cuales se conocen como ixtlán tlatlaan, y es un detalle que distingue a todos los Tezcatlipocas- es decir, a sus muchas advocaciones-. Lo que varía en ellos, es el color de estas franjas, mismas que pueden ser rojas y amarillas en su identificación con Xipe Totec y amarillo y azul, en su identificación con Huitzilopochtli.

El pelo de Tezcatlipoca aparece cortado en dos alturas distintas y este peinado se denomina como tzotzocolli, el cual es un distintivo de los combatientes. Además, se adorna con el aztaxelli, un ornamento elaborado con plumas de garza; lleva un chimalli o escudo, un lanzadardos, conocido como átlatl y los propios dardos, los tlacochtli, lo cual lo identifican como un guerrero.

Los aztecas consideraban al norte como la tierra de las tribus cazadoras. A tales gentes les denominaban, de modo genérico, como los chichimecas. Mixcóatl, dios de la caza, es el protector de los chichimecas y también está relacionado con Tezcatlipoca.