miércoles, 19 de septiembre de 2012

Jenócrates, el académico: las cifras del ser

Interpretando a los números como la esencia de las cosas, Jenócrates consideraba a la unidad y lo dual, como las deidades rectoras del mundo.


Tras la muerte del filósofo Espeusipo, Jenócrates (396 - 314 a.C.) encabezó la Academia platónica durante más de dos décadas. Jenócrates era un fiel seguidor de Platón y estuvo con él durante su viaje a Sicilia. Incluso, cuando Dionisio, el tirano, amenazó con quitarle la vida a Platón, Jenócrates exclamó que primero tendrían que hacer lo mismo con él.

Era un pensador humilde y calmo, un tanto lento de comprensión, al grado de que Platón, al comparar a Jenócrates con Aristóteles, dijo que, para este último necesitaban un freno, mientras que para el primero una espuela.

Los números del ser

A Jenócrates se le atribuye la tradicional división de la filosofía en Lógica, Física y Moral. Sus doctrinas, si bien inspiradas en las enseñanzas de Platón, se distanciaron notablemente de las de Espeusipo. Y es que, mientras este último se mostraba reacio a identificar el Bien con lo Uno, para no hacer lo mismo en el caso del Mal con lo Múltiple, en el caso de Jenócrates, este filósofo consideraba que todas las cosas, al participar, en distintas proporciones, de lo Uno y lo Múltiple, están vinculados de una u otra manera con el Mal. Además, Jenócrates hizo un gran esfuerzo para dotar de valía filosófica a las matemáticas, para hacer de ellas una vía de conocimiento de las ideas platónicas.

Esencias imperecederas

Interpretando a los números como la esencia de las cosas, Jenócrates consideraba a la unidad y la díada, como las deidades rectoras del mundo. El alma, en esta singular filosofía, está considerada como un número que se mueve por sí mismo, y los números en general, refieren a los diferentes niveles a través de los cuales lo divino, se hace manifiesto en la tierra. Jenócrates estructuró una cierta mitología, relacionada con la astronomía y la física, para explicar sus concepciones, las cuales evidencian una tradición pitagórica, un tanto debilitada.

Trazos de otredad

En el corpus aristotélico existe un tratado acerca de las líneas insecables, es decir, indivisibles. En este trabajo se incluyen algunas consideraciones de Jenócrates acerca de las líneas y las superficies. Por ejemplo, Jenócrates, creía que la línea ideal era insecable, ya que determina y es anterior a todas las demás líneas. Posiblemente Jenócrates haya intentado responder de esta manera a las célebres aporías del filósofo Zenón. En lo que se refiere a la moral, Jenócrates defendía la noción platónica del cuerpo como cárcel del alma, y por lo tanto, recomendaba una vida ascética de tendencia pre-estoica.