viernes, 23 de mayo de 2014

La enigmática desaparición de David Lang

El estadounidense David Lang tenía una granja en las proximidades de la comunidad de Gallatin, en Tennessee. Allí habitaba plácidamente con su esposa y dos hijos de pequeña edad. La vida de Lang transcurría sin muchas complicaciones, justo como sucedía habitualmente con las familias estadounidenses en el ambiente rural, a finales del siglo XIX. El 23 de septiembre de 1880, David Lang salió de su casa acompañado de su esposa, mientras los pequeños jugaban en el jardín. Lang les dijo que iba a revisar los caballos y que posteriormente todos irían juntos a la ciudad. Tales fueron las últimas palabras que pronunció.


Cuando el granjero comenzó a caminar, paseron cerca de allí el juez Peck y un carretero. Lang levantó la mano para saludar al juez y un luego, tras al instante siguiente, simplemente se desvaneció en el aire. Tras una angustiosa búsqueda, no se halló allí ningún agujero, o accidente en el terreno en donde pudiera haber caído Lang. La policía desarrolló una intensa investigación e inclusive se hicieron varias perforaciones para hallar fozas o cuevas en donde el infortunado granjero pudiera haber terminado el infortunado granjero. Todo fue infructuoso, puesto que no se halló nada.

Incapaz de aceptar la muerte de su marido, la señora Lang nunca quiso realizar funeral alguno por el alma de Lang. Sin embargo, no fue capaz de seguir habitando en ese sitio tan extraño y en poco tiempo puso a la venta la granja. Algunos meses después, los hijos de Lang jugaban en el mismo sitio en donde su padre había desaparecido y se percataron que en ese espacio no crecían plantas, ni hierba y que las flores no crecían de manera tan espesa en un área parecida a un círculo.

Posteriormente comentaron que les había parecido escuchar a su padre gritando por auxilio, desde una gran lejanía. Nunca más se supo de David Lang y su desaparición sigue siendo un verdadero misterio.

Posiblemente no se pueda hallar una explicación racional a lo que le pasó al granjero David Lang (si es que fue un evento real), pero sí es factible comprender lo que este suceso tan extraño nos puede hacer pensar (aun sin haber sido real) y hacer sentir. Es una manera de abordar este misterioso evento, de un modo que, aunque no pueda ofrecernos una luz acerca de su enigma, sí puede brindarnos revelaciones acerca de los límites de nuestra comprensión racional y lo que aluden sus límites.

En primer lugar tenemos una persona ubicada en un entorno específico. El hecho de que alguien deje de estar en un sitio, es algo que sucede de manera cotidiana, en cualquier ámbito. Alguien se va de un lugar para llegar a otro. Eso sucedió con Lang: en última instancia hubo un cambio en la relación entre él, como ente y el entorno, el conjunto de circunstancias que propiciaban su aparecer. Una variante en esta relación derivó en una especie de cósmico desfasamiento y la súbita ausencia del desafortunado granjero. 

Si se considera que el universo parece ser infinito y que el tiempo se encuentra estrechamente vinculado a la experiencia que tenemos de él, se hace patente que la desaparición de Lang, cualquier intento para comprender su abrupto cambio de estar, debe incluir no sólo la referencia de dónde dejo de ser, sino también la temporalidad del acontecimiento en el que se vio inmerso.

En un cosmos infinito y abierto, como parece ser el nuestro, existen tantas posibilidades de que Lang no hubiera dejado de estar, donde se le vio por última vez, como otras tantas, de que dejara de manifestarse delante de su familia, el juez y el carretero. Lo que habría de indagarse, son las condiciones, las circunstancias (físicas o de cualquier otro tipo) que hicieron que se entreveraran unas posibilidades con otras.

Lang, a final de cuentas, parece haber cambiado en su forma de ser,  tanto como la ubicación física de su estar. Si se considera que nuestra presencia, solo puede ser pensada, en las relaciones que tenemos con los demás- incluyendo nuestra propia consciencia, pensada como algo ajeno a nuestro inmediato pensar de si-, se puede entender de otra manera la alteración en su ser que tuvo David Lang. Cuando sus niños volvieron al lugar de la desaparición, vivieron una intensa evocación de su padre. Lo tuvieron presente, tanto como se le ha vuelto a tener, en las referencias que se han hecho de su misterioso caso, desde aquella lejana mañana de septiembre en 1880. 

Paradójicamente, Lang nunca se ha ido del todo y más aún, su presencia se ha transformado de una manera singular, más allá del tiempo y del espacio convencional, en el pensar de su propia e inexplicable ausencia. En cierta manera todos somos un poco como David Lang, al estar siempre transitando al filo de la nada, con nuestro ser avanzando a tientas ( no más que razonablemente), entre un cosmos entreverado de causalidades y el vacío, respuestas insuficientes y un irónico silencio cósmico como todo/toda respuesta.