jueves, 29 de marzo de 2012

Gustave Moreau: "Hércules y la Hidra de Lerna"

Se propone una particular lectura de la obra "Hércules y la Hidra de Lerna", para exponer el arte de Gustave Moreau, no como escapista, sino como un acercamiento reflexivo a la realidad.



Es en el periodo correspondiente al postimpresionismo cuando irrumpe el simbolismo en la pintura. No obstante, el término aparece mencionado por vez primera en 1886, en el famoso diario Le Fígaro, relacionándolo a temas literarios. Es hasta un año después cuando se le usa con referencia a una pintura de Gauguin. Las tendencias iniciales del simbolismo pueden rastrearse en ciertas ideas derivadas del romanticismo y en especial, de la reacción antiimpresionista impulsada por Gauguin.

El simbolismo tal y como lo conocemos, partió, por lo consiguiente, de cierto movimiento literario que, de acuerdo el Manifiesto simbolista de Jean Moréas, tenía a Baudelaire como su iniciador y a Stéphane Mallarmé y a Paul Verlaine como sus máximos exponentes. A las tertulias llevadas a cabo en la casa de Mallarmé asistían literatos y artistas como Edvard Munch, Odilon Redon y Paul Gauguin.

Un artista visionario

La obra de Gustave Moreau (1826-1898) está considerada como la más representativa de esta corriente estética. En general se considera que las pinturas de Moreau- así como todo el simbolismo- seguían una tendencia escapista, tratando de alejarse del racionalismo y evadirse de la realidad, por medio de una perspectiva erótica de tópicos seleccionados de la Biblia, la mitología y la gran literatura.

Moreau, a través de su estilo exótico y voluptuoso era capaz de realizar tanto obras rebosantes de lirismo, como pinturas aterradoras y funestas. Desde una perspectiva psicoanalítica muchas de estas últimas composiciones aluden al sexo culpable o insatisfecho. En todas ellas, Moreau exponía una técnica privilegiada para crear mundos ricos y solemnes colmados de símbolos: jóvenes gallardos, mujeres hermosas y destructoras, criaturas que se fundían con el entorno y joyas preciosas. Por esta predilección por el arabesco, Gauguin calificaba a Moreau como un auténtico orfebre.

Moreau tenía una afición por lo bizarro y ello influyó en su particular estilo, técnica y temáticas elegidas. Se decantaba principalmente por imágenes de mística intensidad, en donde se hacía referencia a culturas ancestrales, civilizaciones desaparecidas y seres mitológicos, abordados con una exquisita sensualidad y haciendo uso de pintura incrustada e imitaciones de joyería.

Arte y mitología

En la pintura "Hércules y la Hidra de Lerna" (1876), Moreau representa, muy a su estilo, una de las hazañas del héroe mitológico. La Hidra, engendro de muchas cabezas, asolaba la región de Lerna. El poderoso Hércules, para cumplir con uno de sus trabajos, tenía que vencer a tan temible monstruo. De inicio, Hércules combate sin éxito ante la bestia. Al final y con el auxilio de su amigo Yolao, el héroe logra abatir a la Hidra. Posteriormente, Hércules aprovecha para mojar sus saetas con el veneno de la sangre del monstruo vencido.

Las lecturas tradicionales de esta obra de Moreau, ponderan el fondo luminoso que se exhibe en el lienzo, como símbolo de vida y en contraste con el ámbito fúnebre del primer plano, en donde abundan las referencias a la muerte. Así también, desde esta perspectiva, es resaltable la presentación que hace Moreau de Hércules, no como el coloso de la tradición escultórica helenística, sino con una apariencia juvenil que simboliza el triunfo del alma y la gracia, más que una voluntad impositiva.

La tarea del héroe

Aquí se propone una lectura distinta acerca de "Hércules y la Hidra de Lerna", desde una perspectiva filosófica, orientada a exponer el arte de Moreau, no como una intención escapista, sino como una verdadera tentativa de conocimiento y comprensión reflexiva de la realidad. Para interpretar el sentido de esta obra desde la perspectiva mencionada, vale la pena evocar al existencialista católico Gabriel Marcel.

De acuerdo a este filósofo, las personas pueden afrontar los eventos de la realidad desde dos perspectivas distintas: como problema o como misterio. En el primer caso, un problema se le presenta a alguien de un modo objetivo, y así, puede ser resuelto independientemente de la acción de tal persona. 
Ese individuo no es más que un espectador frente al problema. Ese es el esquema que siguen los problemas de la ciencia, en donde la solución es la misma e invariable, sin que importe quién lo resuelva.

Siguiendo a Marcel, por encima del anterior planteamiento se ubica el del misterio. En este caso, se trata de una cuestión en la que la persona se encuentra vinculada a los mismos datos del misterio por resolver. 
Ya no resulta indistinto quién sea el que intente dar con la solución del misterio. En este tipo de eventos de la realidad, el ser humano, el hermeneuta, se encuentra implicado, comprometido, su ser es inherente a la cuestión, al enigma por resolver. Este sería el modelo propicio para las artes y las actividades del espíritu. De tal suerte que, según Marcel, ante un misterio, lo mejor que se puede hacer es, en primer lugar re-conocerlo, y posteriormente, tratar de aproximarse a él cada vez más y más, con recogimiento y voluntad reflexiva.

Con su obra "Hércules y la Hidra de Lerna", Moreau podría ilustrar adecuadamente esa noción filosófica comentada. De inicio, el héroe, de acuerdo al mito, no pudo vencer al monstruo, acaso por intentarlo de una manera convencional, por abordarlo como si fuera un problema. En la escena representada por Moreau, Hércules lo que está haciendo es aproximarse a la bestia, no como si fuera un problema, es decir, bélicamente, sino más bien, de acuerdo al enigma que le propone: de manera reflexiva, a través del recogimiento y la inteligencia. Al final, esta postura ante el misterio derivará en la comunicación- cuyo símbolo sería el apoyo de Yolao- y la victoria de Hércules. Pero este evento, además, le ha dejado una enseñanza al héroe- y al espectador- ya que tal forma hermenéutica de abordar la realidad, ha motivado un re-conocimiento: una ganancia de realidad comprendida en el ser propio. Eso queda simbolizado en las flechas que Hércules moja con la sangre de su enemigo derrotado: ahora el enigma y su fuerza vital forman parte de él.





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