jueves, 29 de marzo de 2012

Corregio: "La Natividad"

Corregio buscó siempre una plena expresión de lo trascendente: cierta luz que al parecer solo pudo hallar en la intimidad y sencillez de lo humano.



En este cuadro, El Niño Jesús llena de luz el ambiente con un resplandor divino, con tanta intensidad, que una mujer que le contempla tiene que llevarse la mano a los ojos para protegerlos. Se trata de "La Natividad" (1530) de Antonio da Corregio (1489-1534), obra que, como veremos parece culminar una búsqueda no sólo estética sino también, vivencial motivada por el amor a la belleza.

Proyección expresiva

"La Natividad" nos presenta una perspectiva asimétrica de la célebre escena bíblica, imbuida de dinamismo. El cayado que sostiene el pastor, orienta la mirada de los espectadores desde la base de la composición, hasta los ángeles revoloteantes. Estos últimos, por su parte, señalan juguetones hacia el Niño, quien ilumina y perfila el ámbito representado. Esta trayectoria visual es una muestra de la maestría de Coreggio, misma que en esta etapa última de su trayectoria, por su capacidad de expresión del movimiento y dramatismo, lo proyectaban decididamente hacia el barroco del siglo XVII. Su utilización de los bordes suavizados denota un estudio del esfumato de Leonardo, quien estuvo pintando en el norte de Italia, justo en donde y en el tiempo en que Corregio se formaba como artista. El estilo de Corregio es atemporal y puede equipararse sin problemas al mejor arte del siglo XVIII. De hecho fue muy valorado por los pintores del rococó.

Búsqueda incesante

En la actualidad, Corregio es más recordado por sus pinturas mitológicas rebosantes de erotismo. Obras como "Leda con el cisne", "Ío y Zeus" o "Danaé", son obras maestras de este maestro italiano, en su particular expresión de una sexualidad libre y lúdica. Pero hay que considerar también que Corregio pintó durante mucho tiempo, temas sacros. Resultan por demás admirables sus pinturas para techos y cúpulas de Iglesias: se trata de composiciones monumentales e ilusionistas, de características casi barrocas por su dinamismo. Como ejemplo, basta recordar los frescos de la Iglesia de San Juan Evangelista en Parma. Corregio intentó motivar en los espectadores, una vivencia de mística contemplación.

Lo más grande en lo pequeño

Es posible que, aquello que trató de conseguir Coreggio a través de la exploración del erotismo pagano o de la monumentalidad sacra, eso cuya búsqueda lo motivó a desarrollarse plenamente como artista, lo hallará finalmente en cuadros como "La Natividad", y en especial en sus pequeñas pinturas devocionales. Estas últimas obras nos describen a una joven y tímida Virgen María compartiendo instantes llenos de ternura y dulce intimidad con el Niño Jesús. Corregio, pintor inteligente, educado y sensible, acaso quiso compartir en su obra "La Natividad", el jubiloso hallazgo de esa luz- sentido de la vida- que se expresa de mejor manera- más que en paganas hazañas o en glorias resplandecientes- en el suave (y humano) contacto de una madre y la inocencia de un pequeño.



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