martes, 13 de marzo de 2012

Francisco de Goya: "El entierro de la sardina"


"El entierro de la sardina", pintura de Francisco de Goya (1746-1828), parece exponer una oscura perspectiva de lo humano ante la inminencia de la muerte. En este cuadro, elaborado entre 1808 y 1814, el pintor español Francisco de Goya exhibe, en germen, el caracter de “pintor maldito” que obras posteriores, como las del ciclo de las “pinturas negras”, le otorgaría definitivamente.



El entierro de la sardina con su formato pequeño, forma parte de un conjunto de pinturas de gabinete, de temática costumbrista, que Goya elaboró manteniéndose alejado de estilos como el rococó o el neoclacismo. Obras estrechamente relacionadas con la comentada son, por ejemplo, Auto de fe de la Inquisición o bien, Casa de Locos.

Diversión aciaga

En el caso de El entierro de la sardina, Goya representa la tradición medieval en donde se festeja la última jornada de estas celebraciones. Se trata de la culminación del tiempo de “mundo al revés”, que se efectuaba en el marco del carnaval. En este periodo, la gente se abandonaba jubilosamente a una transgresión de la moral vigente; las multitudes se arrojaban a lo instintivo y la voluntad de las clases populares se imponía a lo instituido. Era
un tiempo de feroz y feliz caos.

Secreto macabro

En un boceto de esta pintura, no aparecían los mujeres de claros vestidos que actualmente pueden verse allí. En su lugar Goya había pintado monjes, y el estandarte, en vez del rostro macabro que en él aparece, estaba escrita la palabra “mortus”. Estos detalles pueden constatarse a través de un análisis de esta obra de Goya con un equipo de rayos X.

La fiesta del fin del mundo

En el alboroto pupulachero que Goya representó, puede irse más allá de lo social y de esta manera, reflexionar en torno a siniestros trasfondos que pueden advertirse de esta obra.
En realidad, ¿qué celebra la multitud del cuadro? Cual si se tratara de un ritual pagano, los participantes de este macabro carnaval se precipitan en un frenesí apocalíptico. El mundo del que se mofan es un ámbito en decadencia. Pero tras el final de esta realidad, todo es incierto. Y así, las máscaras sonrientes ocultan algo oscuro y amenazante: el terror ante la muerte, la desaparición absoluta. Si solo puede comprenderse a un individuo, en última instancia, como un ser social y comunicante, la transgresión definitiva de lo instituido deviene la nada, el vacío, el silencio.


Apariencias rasgadas


Los alegres participantes del "entierro de la sardina" ocultan tras sus máscaras coloridas, rictus de pánico. Los niños que aparecen en el cuadro de Goya simbolizan un orden totalmente extraviado, que la multitud enloquecida destruye en un acto de desesperación ante la inminencia de la catástrofe.

Parecería que este Goya visionario- que en etapas posteriores se dejaría llevar hasta el límite de sus oscura creatividad- nos expresara que en cierto sentido todos estamos atrapados en un ritual como el del "entierro de la sardina": existir tal vez no sea sino un juego apocalíptico, un carnaval vacío, que tras una serie de pantominas y muecas, palabras y pretextos, solo tratara de disimular la pavorosa revelación de nuestra finitud.


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