jueves, 22 de marzo de 2012

Delirio y sophia en Philip K Dick

El texto Tractates Cryptica Scriptura de Philip K Dick, apéndice de su novela Valis, es una impresionante tentativa de especulación filosófica, que expone además, un deseo sincero por comprender la realidad desde la singular postura de una interioridad delirante y visionaria. A continuación desarrollaremos un acercamiento reflexivo a ciertos fragmentos de esta oracular y oscura sophia.



“La Mente deja penetrar la luz; luego la oscuridad; ambas interactúan; de ese modo se genera el tiempo. Al final la Mente concede la victoria a la luz; el tiempo cesa y la Mente culmina.”

Llama la atención que sea la luz el primer motivo del tiempo, de acuerdo a Dick. Sin embargo, la oscuridad es imprescindible para que el devenir tenga lugar. Los matices de ambas manifestaciones no importan tanto como su interacción, de la cual deriva la marcha de todas las cosas. El tiempo, por lo tanto, es la sucesiva alternancia de la luz y la oscuridad, lo que en el fondo, señala a discordia o a diálogo. La Mente, quien piensa, (¿quién piensa?) es la que define todo, suprimiendo la comunicación entre los eternos contrarios y su representación en la conciencia: lo diverso.

“[La Mente] Hace que las cosas luzcan diferentes para que parezca que el tiempo ha transcurrido.”

Si las cosas no se distinguieran de la Mente, esta no tendría razón de ser. Su transición de lo posible a lo factible se da en esa ofrenda que hace de sí la unidad, en la pluralidad. El tiempo desde esta óptica, tan particular de Dick, es el testimonio de ese sacrificio que hace lo trascendente, en su propio enigma, la inmanencia. Sin razón de ser, no queda más que un ser de razones y todo el tiempo del mundo para meditar su absurda insuficiencia.

“El gran secreto conocido de Apolonio de Tiana, Pablo de Tarso, Simón el Mago, Asclepio, Paracelso, Boheme y Bruno consiste en que retrocedemos en el tiempo. El Universo de hecho se está contrayendo en una entidad unitaria que se está completando. Vemos la decadencia y el desorden invertidos, como si se acrecentaran. Estos médicos aprendieron a avanzar en el tiempo que, para nosotros, es retrogradación.”

Los visionarios mencionados comparten la posesión de una profunda sabiduría. Si el devenir es un regreso cósmico, destaca el modo en el que todo se nos presenta, ante la conciencia, como si se desarrollará progresivamente. Esta entropía engañosa, es el verdadero logos del ser. La ilogicidad, la intuición y la inocencia, bien podrían ser, como acaso alude Dick, inéditas maneras de retroceder en el tiempo y acercarse a esa religación universal de lo que nunca debió haber sido-en-cada-cosa, para en cambio ser-siempre en-todo.

“El universo es información y nosotros permanecemos inalterados en él, ni tridimensionales, ni en el espacio o en el tiempo. A la información que se nos suministra, nosotros la hipostaseamos en el mundo fenoménico.”

Fuera de las palabras, no hay nada que expresar. La realidad es una red dialogal motivada por un silencio inasible, capaz de instaurar al mundo desde su misterio. La información que menciona Dick, es una manera en la que, ese remolino eterno, trata de alcanzar su centro vacío, su razón inasible de ser. Los fenómenos, son solo restos de una reificación amnésica, el pretexto del cosmos para no re-conocerse: caos

“La Mente sólo nos habla por nuestro intermedio. Su discurso pasa a través de nosotros y su dolor nos impregna irracionalmente. Como lo advirtió Platón, hay una veta de irracionalidad en el Alma del Mundo.”

Todos los pensamientos son uno solo. Quizás eso sea la Mente, tortuosa mente de Dick. La fascinación lascerante de su dispersión, propicia el pretexto de lo real: los fenómenos que se comunican unos a otros, el azoro de su propia presencia. En lo profundo, la Mente percibe su particular sin razón, eso que fomenta y justifica su inteligibilidad, el lógico disimulo de un alarido cósmico, que se extravía en la falacia del tiempo, como un imperio vencido que nunca termina de arder.