martes, 27 de marzo de 2012

Giorgione: "La tempestad"

Uno de los cuadros más enigmáticos de la historia del arte podría ser un acertijo metafísico que manifestara claves esenciales para comprender la realidad.


El pintor italiano Giorgione (1477-1510) compuso en su obra conocida como La tempestad (1508) una de las pinturas más enigmáticas en la historia del arte.
En este lienzo se puede ver en primer plano a dos figuras en un ambiente campestre. En el horizonte una ciudad de la época, un paisaje con un cielo agitado. Nada hasta aquí parecería distinguir a esta composición de otras similares realizadas en este periodo. Sin embargo, en cuanto se observa detenidamente la obra, surgen interesantes cuestiones.

¿Por qué razón una joven desnuda amamanta a su bebé en medio del campo, cuando se aproxima en el cielo una furiosa tempestad? ¿Esta pintura sirve como simple medio para ensayar un paisaje, o bien, entraña referencias y simbolismos más profundos? Estudios efectuados con rayos x revelaron que en lugar del soldado, Giorgione había pintado previamente una figura desnuda ¿cuál fue el motivo que lo decidió a cambiarla, finalmente?

Misteriosa obra

Nadie sabe a ciencia cierta cuál fue la verdadera intención de Giorgione para elaborar La tempestad. No obstante, los intentos por descifrarlo han sido numerosos y a partir de ello han surgido interesantes teorías. Antes de comentarlas, hay que mencionar que este mismo aire de misterio rodeó a la personalidad de Giorgione. No se conserva ninguna obra fechada o firmada por este autor. La dificultad de encontrar referencias suyas se acentúa por el hecho de que, tras acontecer su muerte, varias de sus pinturas fueron finalizadas por sus alumnos, uno de ellos el célebre Tiziano.

Giorgione es el artista más representativo de la escuela veneciana, por sus sueltas y tenues pinceladas y su particular tratamiento del color. Sus paisajes fueron admirados y evocados durante siglos. Un atento estudioso de las obras de Giorgione fue el pintor francés Nicolas Poussin.

Acertijo hermenéutico

Para algunos, La tempestad es una representación de Mercurio e Isis, para otros, una escena del mito de Paris y Enone, interpretada en clave bucólica, o bien, una evocación de Adán y Eva con su vástago Caín. El rayo a lo lejos, sería Dios arrojándoles del Paraíso. Ciertos especialistas ven en esta obra una ilustración del mito de Démeter y Jasón, en especial por la aparición en la obra de una grulla, la cual era el símbolo por antonomasia de la diosa Démeter.

Aquí proponemos simplemente la posibilidad de que, La tempestad, tenga su sentido más valioso en una permanente apertura hermenéutica, es decir, como un catalizador de lecturas diversas, capaces de enriquecer tanto a la obra como a sus contempladores.

El juego de ser

Esta voluntad gestadora de perspectivas parece adecuarse a la estructura representativa del cuadro. El soldado sonríe como quien propusiera un acertijo y su mirada señala a la mujer desnuda. Este personaje, por su parte, al momento que amamanta a su pequeño, observa al espectador de la obra, quien tiene de frente el manantial que conduce, como un camino iniciático, hacia la ciudad, y allende sus blancos muros, el cielo quebrado por la tormenta furiosa. Por lo tanto, este juego de trayectorias se resuelve en una vinculación entre la tormenta y el contemplador de la obra. Parecería que Giorgione manifestara, de manera lúdica y críptica, una revelación: el nexo que tienen las fuerzas inconmensurables de la realidad (la tormenta) y quien deriva de ellas el mundo (el espectador, el dador de sentido), en sus elementos más básicos (la diada hombre-mujer; lo instituido, en la figura del soldado; la maternidad, forjadora de sociedades, y la desnudez, símbolo de vida y fertilidad). Un cosmos en laberinto, que precisa ser resuelto, ser interpretado, para serlo todo.


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