domingo, 25 de marzo de 2012

Kay Sage: "Le Passage"

Kay Sage, pintora surrealista, tuvo una existencia trágica,misma que se alude en sus fascinantes paisajes de sueños.Una joven con el torso desnudo contempla, sobre un montículo de escombros, un horizonte vacío. Este paisaje apocalíptico parece captar por completo la atención de la melancólica mujer. En el ambiente alucinante, la desolación se extiende más allá de lontanza, hasta el firmamento en tinieblas. Se trata de la obra Le Passage, pintada en 1956 por Kay Sage (1898-1963).


Sage fue una pintora estadounidense que vivió en Italia entre 1900-1914 y 1919-1937. En ese periodo de su vida, Sage realizó varias obras inspiradas en el arte de Giorgio de Chirico. En 1937 la artista se mudó a París y allí conoció al gran surrealista Yves Tanguy. Tiempo después, en 1940, ambos pintores, enamorados, partieron a los Estados Unidos. Posteriormente se unieron en matrimonio. Tras la muerte de Tanguy, en 1955, Sage se volvió retraída y solitaria. En 1959, ella cometió una tentativa de suicidio, misma que al final resultó infructuosa. Sin embargo, en 1963, agobiada por el recuerdo de Tanguy y por severas enfermedades de la vista, Sage logró quitarse la vida.

Dimensiones interiores

Desde su regreso al continente americano, se volvieron constantes en la producción de esta artista ciertos motivos arquitectónicos: oníricas estructuras de metal, detalladas meticulosamente, erigiéndose en ambientes fantásticos, como surgidos del último segundo de la realidad o del primer instante del tiempo. A veces, Sage incorporó en sus paisajes de sueño drapeados- ondeando sin motivo-, de donde surgen, difusamente, rostros y siluetas. En su último periodo creativo, también ensayó composiciones de técnica mixta y poesía.

Una artista visionaria

Sage fue una de las integrantes más valiosas del movimiento surrealista en el exilio, en los Estados Unidos, en el periodo de la segunda guerra mundial. Sus obras son similares a las de Tanguy, en cierto sentido, sin embargo, exponen una referencialidad más concreta con objetos y materiales de los ambientes urbanos y las formas naturales. En este aspecto, Sage se acerca más a De Chirico, en su particular expresión de mundos interiores. Como este pintor italiano, al igual que Dalí, Magritte y el propio Tanguy, artistas dedicados a la creación de “paisajes de sueños”, Sage se valió de la figuración, una constante del arte occidental, para internarse en la enigmática topografía de los abismos del ser.

En las regiones profundas

Las obras de Sage generalmente nos muestran espacios post-apocalípticos, en donde formas extrañas, edificios y hasta ciudades abandonadas, a medio camino entre lo orgánico, lo mineral y lo artificial, yacen esparcidas en el vacío. En muchas de estas composiciones, largas sombras- similares a las de las obras De Chirico- cruzan amenazadoras sobre el suelo fragmentado y dilatado al infinito.

Le Passage, pintada un año después de la muerte de Tanguy- y titulada con una palabra francesa, idioma del esposo ausente- tal vez exprese - simbólicamente- los funestos deseos de la artista, que culminarían con su trágico final. La contempladora con el torso desnudo- pureza- aparece sentada en un montículo de rocas- piedras colocadas verticalmente: estelas funerarias, protección para los muertos-. Ella tiene el pelo largo- libertad- pero recogido, y parecería que su breve túnica- velo, secreto- es una extensión de su misma cabellera- lo cual denota contención y, por lo tanto, contradicción existencial. El desierto infinito que se extiende ante la joven- muy probablemente una figuración de la autora- puede ser una referencia al extravío, pero de igual manera, a un espacio propicio para aproximarse a la divinidad.

El camino de Sage: pasaje que debe recorrer quien busca reencontrase con aquello que le dio todo el sentido posible, y por lo que vale la pena explorar los más recónditos límites del alma.


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