viernes, 23 de marzo de 2012

Sandro Botticelli: "Venus"

Botticelli expone en una variación de su célebre "Venus", la importancia de la luz en su obra y las claves metafísicas de la belleza femenina.


Proust, el célebre escritor, ponderó uno de los aspectos más característicos de Sandro Botticelli (1445-1510): la luz de melancolía con la que dotaba a sus féminas. Sin embargo, el sentido que puede tener este detalle es rico y valioso de explorar en múltiples lecturas, tal y como la se propone aquí, a partir de la obra Venus (1485-1490), una de las cuatro tablas dedicadas a la diosa del amor, que se conservan en la Galería Sabauda de Turín, Italia.

Arte de luz

Botticelli definió su estilo a partir de la línea, el movimiento y sobre todo, la luz que envuelve a los protagonistas de sus pinturas, misma que se produce por una magistral combinación de tonalidades evanescentes y claras. La "Venus" púdica de Turín, la célebre imagen de Simonetta Vespucci que aparece en otros cuadros de Botticelli- como la obra maestra El nacimiento de Venus- expone estas características subrayadas.

El trazo de línea de Botticelli en las figuras, las separa del espacio circundante y en cierta manera las escinde de la historia y de la naturaleza. Tal y como la luz distingue en la materia: delimita, sublima. Y es que la luz resulta fundamental para una de las fuentes de inspiración más significativas de Botticelli: el neoplatonismo de Marsilio Ficino. Por medio de la luz y un fino trazo de línea, Botticelli expone el pathos anhelante de trascendencia de su interioridad.

Renovación de paradigmas

Una de las características de la encantadora "Venus" de Turín es el movimiento que sugiere. Esto coloca el arte de Botticelli muy lejos de los autores bizantinos, románicos y góticos. La Venus púdica de Sandro, no refiere tanto al talante apolíneo de la tradición clasicista, como sí a un pasado clásico rebosante de pathos dionisiaco. Otro detalle importante de la obra comentada, es el desnudo que propone: la diosa exhibe su atractiva presencia de mujer, cubierta únicamente por un velo exquisitamente trazado. Este desnudo es una renacentista exaltación del vínculo entre cuerpo y alma, un rompimiento con los constreñimientos de expresividad plástica típicos del Medioevo.


El arte de Botticelli es un arte de luz, puesto que, para la filosofía de Ficino, esta última constituye algo central: un elemento espiritual y metafísico que caracteriza a los espacios de trascendencia. La luz concilia simbólicamente al amor,la belleza y el alma; es decir, los aspectos más caros al neoplatonismo. Los religa en su holística naturaleza.

El sentido del mundo

La melancolía de la "Venus" de Botticelli es como una añoranza de espacios supraterrenales, una nostalgia parecida a la que podrían tener ángeles caídos por el cielo del que provienen.

Y por otro lado, la belleza más sublime- la belleza de mujer- tal y como se esencia en la "Venus" púdica de Turín, impulsa al hombre hacia su plenitud de ser: primero como deseo, luego como éxtasis estético y finalmente, como perfeccionamiento moral. Por ello, la melancolía de Venus cobra sentido, en el arte de Botticelli, por el trazo y la luz que exhibe: entre más definida es una forma, resulta más espiritual, puesto que nos remite a la luz divina que que hace comprensibles a las cosas y a la realización cabal del existir humano.

Finalmente, la desnudez de esta Venus de Botticelli también remite a la verdad, la cual, sin otro matiz que el de un velo- símbolo de la revelación de un profundo conocimiento -, expone una de las certidumbres últimas del mundo: Venus resulta hermosa por su ser-mujer, lo cual refiere a la fertilidad, a la capacidad de obsequiar vida, de dar a luz, en lo humano- como en una excelsa obra de arte- al cosmos entero.


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