lunes, 19 de marzo de 2012

El símbolo en el arte moderno

Para dimensionar la relevancia que tiene el símbolo en el arte moderno y en la cultura en general, hay que remontarse a la Grecia Antigua, en donde se tenía el hábito de partir a la mitad una moneda, anillo, u objeto similar, y ofrecer una de las partes a un ser querido. Ambas partes de la moneda eran preservadas a lo largo de generaciones para así hacer recordar a los dueños de las mismas, el pacto amistoso que alguna vez se estableció. A esta fracción evocadora se le llamaba “símbolo”.


Así entonces, todo símbolo en cierta medida, puede ser considerado como signo, por su cualidad de remitirnos a otro elemento o campo de lo real. Además, el símbolo se distingue de la señal en tanto que, mientras una señal significa solo una cosa, el símbolo refiere a una pluralidad de ellas. El símbolo, adicionalmente, se define por una permanente ambigüedad, es decir, una significación abierta que nunca se agota, independientemente de la cultura o sociedad que lo comprenda. Como ejemplo baste pensar en el símbolo de la balanza, el cual en cierto momento histórico se relacionaba con la autoridad de los magistrados y en una cultura y tiempo diferentes, aludía al Juicio Final.

El valor que tiene el símbolo, en especial para el arte moderno, corresponde a su inagotable referencialidad. En una misma obra, un símbolo puede adquirir muchos significados algunos incluso opuestos. Esto se hace patente también a nivel de civilizaciones: el blanco para la cultura China era señal de luto, y el negro, en contraste, un color festivo.

Y si bien los animales pueden identificar señales, únicamente los humanos pueden fincar su existencia social y cultural con relación al símbolo. Solo el hombre puede reconocer en un detalle de la realidad, una referencia a más y diferente realidad. El arte moderno expone mucha de su valía en la capacidad que tiene para ponderar la capacidad del símbolo como un instrumento de religación y comprensión humana. 

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