lunes, 9 de junio de 2014

La China de Pearl S. Buck

Un pueblo tan hermético como China, tuvo en la escritora norteamericana Pearl S. Buck, a una exploradora capaz y valiente. Esta insigne autora tuvo el talento de penetrar en lo más hondo del espíritu chino y transmitir toda su profundidad y su poderío, pero también sus limitaciones y sus miedos, a las naciones de Occidente. Su hermosa novela “Viento del este, viento del oeste”, es paradigmática en este sentido.


Vivir en (el alma de) China

Pearl S. Buck (1892-1973) vivió en tierras orientales durante cerca de cuarenta años. Es posiblemente el alma occidental que más supo adentrarse y comprender al esencia cultural china. Su obra literaria, vasta y respetable, expone además, valiosas ideas que anticiparon el movimiento feminista que ha logrado revalorar el papel de las mujeres en las sociedades modernas. Si bien su obra más famosa fue la preciosa novela, titulada “La buena tierra” que le valió el premio Pulitzer, en 1932; es interesante comentar un escrito anterior: la emotiva narración “Viento del este, viento del oeste”, que anticipa y compendia todas las inquietudes intelectuales y las preocupaciones reflexivas propias de su perspectiva de China, enfrentada a las fuerzas imperiosas del resto del mundo.

La historia de Kwei-lan, el dilema de una nación

“Viento del este, viento del oeste” nos cuenta la historia de Kwei-lan, una joven china educada de lleno en todas las artes, costumbres, y reglas que tradicionalmente han preservado sus antepasados desde tiempos inmemoriales. Cuando Kwei-lan tiene que contraer matrimonio, parece que ha llegado el momento de poner en práctica todo lo que la joven ha aprendido; pero, infaustamente, el marido, debido a su involucramiento en el ambiente occidental, le rechaza por sus hábitos tradicionalistas.

De tal suerte que Kwei-lan, se verá arrojada al dilema de alterar toda la concepción de la vida que le han inculcado, para salvar su matrimonio, aceptando valientemente la confrontación que experimenta por el choque entre las culturas de Oriente y Occidente. 

China desde hace algunos siglos, parece estar definida por esta disyuntiva extraordinaria: preservar los valores históricos de un pasado milenario que le han permitido forjarse como nación, o abrirse a los derroteros marcados por los tiempos actuales, en donde los países occidentales marcan la pauta del mundo. Pearl S. Buck supo plasmar en admirables creaciones literarias, esta honda disyuntiva social del pueblo chino.

En la medida en que se orienta hacia una u otra alternativa de acción, el destino de China se juega en ello; sin embargo, el solo hecho de haber sido planteada esta circunstancia, por una persona “extranjera”, nos expresa que, más que vivir en un lugar, para comprenderlo, hay que penetrar en el alma de lo humano, que no conoce límites ni fronteras: Pearl S. Buck, lo hizo y de una manera admirable: nos abrió un mundo nuevo, lleno de mundos nuevos.



El arte y la vida, desde China

En una interesante conferencia pronunciada por la escritora estadounidense Pearl S. Buck, en 1938, titulada “La novela en China”, la galardonada autora, que se erigió en una extraordinaria portavoz de la espiritualidad de esta nación oriental, de cara al mundo, nos ofrece un comentario erudito y pormenorizado acerca de la tradición de la novela en la cultura y el arte chinos.

Sin embargo, lo que deseamos ponderar en las líneas siguientes, es la perspectiva acerca del arte, que Pearl S. Buck identifica en el talante chino, ya que desde cierto enfoque, esta situación expresa en mucho, la visión integral de la vida que manejan los habitantes de la nación asiática más importante de los últimos tiempos.

Solo quien vive puede opinar, crear

Pearl S. Buck parte, en su mencionada ponencia, de un planteamiento en donde critica a la ortodoxia cultural china, por establecer parámetros exagerados para valorar obras de arte, que intenten llegar más allá de las tres elaboraciones literarias más respetadas por el pueblo chino: las narraciones Shui Hu, San Kuo y Heng Lou Meng. Porque a juicio de la afamada escritora, “el instinto que crea las artes no es el mismo que el que produce el arte”, y en el pueblo chino, esta fuerza creadora es, primordialmente, un excedente intenso de fuerza vital, un residuo de vida tan poderoso, que no basta la conciencia de un solo ser para poderla asimilar, de tal suerte que, se precisa compartir, comunicar, para que pueda ser expresada de la manera más plausible.

Así entonces, no son los doctos, los eruditos de salón, quienes deben juzgar el mérito de una composición artística, pondera Pearl S. Buck, sino el pueblo, los participantes de la infatigable y latiente dinámica de la realidad. Entre el novelista, y sus lectores, con referencia a la novela en china, y en dimensión directa con la humana existencia en general, se manifiesta una fusión de horizontes, en donde las ansias de vivir se alimentan de su diversidad y se funden en un solo entusiasmo de ser, que supera toda barrera.
De China para el mundo

Pearl S. Buck finaliza su conferencia con este bello pasaje: “El novelista debe ser como ese hombre que se instala en una choza pueblerina y congrega a los lugareños para contarles un cuento. No tiene porque alzar la voz cuando acierta a pasar un erudito. En cambio, debe hacer todo el ruido que pueda cuando pase una banda de peregrinos camino de la montaña en búsqueda de dioses y gritarles ¡Yo también les hablaré de dioses!, y a los labradores debe hablarles de la tierra, y a los viejos de la paz… Su única satisfacción será que la gente común le escuche con gusto. Al menos, esto es lo que me han enseñado en China”.