lunes, 9 de junio de 2014

Educación y hermenéutica

La educación se encuentra vinculada, permanentemente, a una dinámica política extrema. Por lo tanto, es inevitable que ciertas tomas de posición orienten el esquema pedagógico manejado por los docentes. El humano es un ente político y ve determinado su ser por relaciones sublimadas de fuerza y poder en cada aspecto de su realidad. Esto se manifiesta claramente en los contenidos de los planes de estudio oficiales, manejados en las instituciones educativas. La administración gubernamental en turno, de acuerdo a su tendencia del espectro político, enfoca de manera diferente los temas abordados en las aulas, determinando significativamente la formación educativa y el criterio social de las nuevas generaciones.


Por ejemplo, en la enseñanza de la historia, en cada oportunidad, en cada ciclo escolar, se aborda el estudio de las mismas figuras, las mismas personalidades que construyeron determinada nación.

Mismos héroes, hazañas diversas

Sin embargo, dependiendo si el partido en el poder se orienta hacia una izquierda política, o hacia una ideología de derechas, los héroes nacionales que se destacan son diferentes: ya puede ser un caudillo liberal y progresista, ya puede ser un sólido baluarte conservador. Identidad y diferencia: un solo mundo, pero pluralizado en la alteridad. Tal es la relevancia de la interpretación en los fenómenos educativos.

Esta circunstancia no es totalmente desaprovechable: la objetividad es un mito, ya que como Nietzsche y los posestructuralistas ponderarían, no existen hechos, solo interpretaciones. Tal vez, incluso, el máximo valor de las instancias escolares se manifieste, precisamente, en esta capacidad para abordar hermenéuticamente todas las materias escolares.

Educación como interpretación

Y es que, se tiene la tendencia a manejar desde una perspectiva cientificista y ciertamente obsoleta, los tópicos establecidos para los escolares, buscando una certeza lógico matemática que se encuentra fuera de lugar en la mayoría de los casos, a causa de su abstracción excesiva y lastrante. En contraste, una pedagogía hermenéutica concientizaría a los educandos acerca de la posibilidad y la capacidad inextinguible de su intelecto vital, para poder construir libertad, interpretando de una manera siempre abierta, los acontecimientos y hechos abordados en los libros de texto.

Además, la perspectiva manejada por el profesor puede dar una pauta didáctica, pero solo para ser confrontada por el punto de vista particular de cada alumno: la educación debe ser un proceso esencialmente dialogal, agonístico, latiente y sensible. El mundo es una construcción masiva y activa, en la que todos tienen el derecho a participar, y no hay aspecto alguno de la realidad que no pueda ser contemplado de maneras inéditas y provechosas.