sábado, 14 de junio de 2014

Leonora Carrington y la fantasía vital

Cultivadora de un sugestivo surrealismo, la pintora Leonora Carrington (1917) también ha explorado la escultura y el diseño de tapices. Sus temáticas predilectas son la alquimia, la magia, la mitología y el ocultismo. Sus obras se encuentran pobladas por fantásticas criaturas y, en general, tales composiciones evidencian un profundo interés por la percepción femenina de la realidad.


Leonora Carrington es una de las últimas surrealistas auténticas- es decir, del grupo original que apareció en la primera mitad del siglo XX- que aún sobreviven. Su producción resulta fascinante por la imaginería que maneja, en donde se combinan motivos mitológicos celtas, criaturas de los mitos indígenas prehispánicos, cuentos de hadas, temas de ocultismo y canciones infantiles.


Carrington es hija de un rico empresario textil. Su infancia transcurrió en Crookhey Hall, Lancashire, en una gran mansión que frecuentemente aparece en sus composiciones, con una lúgubre imagen. Posteriormente, Carrington mostró rebeldía ante el rigor de los colegios- de orientación religiosa- a los que asistía. Finalmente, su familia decide hacerla ingresar en el College of Miss Penrose de Florencia. En ese lugar Leonora tuvo su primer acercamiento con los grandes nombres de la pintura. Tras su regreso a Londres, la joven prosiguió su educación artística en escuelas de gran prestigio, como la Academy of Amédeé Ozenfant y la Chelsea School of Art.


En 1937, un suceso cambió radicalmente la vida de Carrington. En el marco de una celebración, conoció al gran artista Max Ernst. A tal grado quedó cautivada Leonora por Ernst, que decidió escapar con él a París. Precisamente en la Ciudad Luz, Carrington conoció a figuras del arte, de la talla de Joan Miró, Pablo Picasso y Salvador Dalí.


Cuando inició la Segunda Guerra Mundial, Ernst, de origen alemán, fue detenido temporalmente por ser considerado como oriundo de una nación enemiga. Poco después, Ernst escapó a los Estados Unidos. Leonora por su parte, se vio muy afectada por este evento. Tras marcharse a Madrid sufrió diversas crisis nerviosas, al grado de ser internada por sus familiares, en un hospital psiquiátrico. A final de cuentas, escapó de allí y se traslado a México, a través de los Estados Unidos. En la Ciudad de México tomo inspiración de artistas de renombre en esta nación latinoamericana: Remedios Varo, Frida Kahlo, y Diego Rivera, entre otros.


Fue a partir de este punto las obras de Carrington, por el empuje de su fantasía vital, se llenaron de criaturas y tópicos de la mitología azteca, la alquimia y un gran misticismo. También en sus esculturas se ha hecho patente la riqueza visionaria de esta extraordinaria creativa.