miércoles, 25 de junio de 2014

La sabiduría de las fábulas chinas

En la cultura china se puede advertir una relativización de lo absoluto, para arribar a la libertad de lo contingente. Tal circunstancia se hace patente en la tradición de las fábulas chinas, geniales creaciones colectivas, lúcidas y reveladoras, como la que comentaremos a continuación.


China es la posibilidad de una perspectiva radicalmente distinta del mundo. Si la constante cultural de Occidente consiste en develar falaces diferencias para descubrir constantes ciertas, en el caso de China se puede advertir una relativización de lo absoluto para arribar a la libertad de lo contingente, en donde el entendimiento puede acceder a las potencialidades de su ilimitada inmanencia.

Tal circunstancia se hace patente en la tradición de las fábulas chinas, que exponen esta honda intuición por medio de alusiones fragmentarias, geniales creaciones colectivas, lúcidas y reveladoras, como la que comentaremos a continuación.

El ser de la virtualidad

La fábula china de “El Ciervo Escondido” cuenta como alguna vez un leñador mató y enterró a un ciervo. Pero, a, la postre pensó que todo había sido un sueño. En este mismo sentido lo relató a la gente del lugar. Uno de los escuchas fue por el ciervo y lo desenterró. Tras llevarlo a su casa, le contó a su mujer que un leñador había soñado que había matado a un ciervo y lo había ocultado bajo tierra. Y ahora él lo había encontrado. La mujer le contestó que quizás el leñador y su relato solamente había sido un sueño, pero por el hecho de que el ciervo estaba frente a ellos, entonces el sueño del hombre debía de ser verdad. Ante esto el hombre consideró que era poco relevante cual de los dos había soñado: si el leñador o él mismo.

La virtualidad del ser

El leñador por su parte, soñó esa noche con el ciervo enterrado y con el hombre que lo había hallado. Al día siguiente, el leñador fue a casa del hombre a reclamar el venado muerto. Incapaces de llegar a un arreglo acudieron con un juez. Este magistrado dictaminó lo siguiente: el leñador mató en realidad a un ciervo, pero su convicción de haberlo hecho en un sueño también fue verdadera. Luego el hombre halló al ciervo. La mujer del hombre, por su parte, piensa que fue un sueño el asunto del leñador y el ciervo muerto.

Por lo tanto, nadie mato un ciervo. Pero como el ciervo estaba ante ellos, lo más correcto era que lo repartieran en partes iguales. Cuando el rey Cheng supo de todo esto manifestó: “¿No será que el juez se encuentra soñando que reparte a un ciervo?” Este pequeño laberinto de realidades cuestionadas nos hace manifiesto que habitamos en un espacio de diferentes niveles de ser, determinado por creencias y juicios de verdad. Lo que “realmente” sea al final, no lo es, realmente, desde el inicio. El ciervo por su parte sigue allí, enterrado, en una paciente espera, soñando.