jueves, 12 de junio de 2014

El valor del autodidactismo

Cada profesor expone un enfoque particular de enseñanza, de acuerdo a su formación personal, además de seguir los planes de estudio establecidos por las instancias oficiales del gobierno en turno. Esto sucede en todas las instituciones académicas, más allá de sus planteamientos pedagógicos: siempre se presentará en ellas un cierto compromiso con lo establecido, que determinará el desarrollo integral de la conciencia de los educandos. De allí que sea preciso, ponderar aquellas estrategias didácticas que fomenten una cierta libertad de pensamiento que supere todas estas limitaciones. Tal es el caso del autodidactismo.


Aprender por cuenta propia

La realidad no se nos presenta en forma gradual, escalonada o por etapas; por el contrario, nuestra experiencia de ella se brinda en un modo radical y rotundo. Gran parte de nuestra personalidad es una consecuencia directa de esta necesidad de habérselas con un ambiente principalmente agitado y abrumador.

Sin embargo, allí justamente se encuentra nuestro mayor valor como seres, lo que nos distingue entre los demás entes, lo que caracteriza como vivos: la independencia del existir, esto es, hacer de nuestra libertad la esencia misma de nuestra participación en la realidad. El autodidactismo es, de esta misma manera, la forma más conveniente de formación, de acuerdo a nuestra singular naturaleza.

Darle matiz y sentido al aprender

Al tener la posibilidad de elegir aquellos temas y autores que más concuerden con los requerimientos específicos de nuestro vivir, el proceso educativo autodidacta expone un pragmatismo muy provechoso, que ahorra mucho tiempo y esfuerzo y que puede ser mejor aprovechado, para obtener una experiencia de vida más plena y menos abstracta.

Por otra parte, la construcción de un criterio personal maduro, alejado de la línea o visión política (entendiendo la noción de “política” en su sentido más amplio, incluso existencial, como la manejada por Nietzsche) establecida inevitablemente por el profesor, es fomentada en mucho, por el aprendizaje autodidacta.

De cualquier manera, es preciso ponderar el rasgo social inherente a lo humano, que permea radicalmente los desarrollos educativos de cualquier orden. El autodidactismo no debe ser la excepción a esta constante.

Así entonces, lo más recomendable es aprovechar todos los beneficios de la educación autodidacta como un complemento al aprendizaje convencional, es decir, un recurso de apoyo, incluso de gran potencial lúdico, que apuntale aquellas insuficiencias y puntos débiles de la formación impartida en las aulas escolares. El aprendizaje autodidacta es una manera sumamente valiosa, incluso indispensable, de brindarle matiz y perspectiva, a la educación ortodoxa.