lunes, 16 de junio de 2014

Breves apuntes al Infierno de Dante (Canto1)

Con referencia a Dante Alighieri, La Divina Comedia, Infierno, Canto I. Aquí Alighieri aparece perdido en una densa selva, donde más adelante, al pie de un monte, se encuentra con una pantera, la cual le impide pasar y lo obliga a permanecer allí.  Al siguiente día, Dante prosigue su camino ahora por otra ruta, donde de nuevo encuentra una amenaza, integrada por un león enorme y una hambrienta loba. Al ver esto, Dante, retrocede lleno de temor y retoma otro sendero, en donde se encuentra con la sombra del poeta Virgilio, la cual le acompaña y guía durante resto del camino. 

1


Dante percibe la existencia humana como un viaje, pero con la singularidad de que, en cada etapa del camino, el viajero se constituye de un modo diferente, de acuerdo a cada intervalo recorrido: ya como condenado, como penitente o como individuo salvo. A final de cuentas, Dante y todo lector de su Comedia, se torna un peregrino de sí. Esa libre construcción del sujeto tal vez anuncie el advenimiento del Renacimiento y el germen del mundo moderno.

2

“¡Ah! Cuán penoso me sería decir lo salvaje, áspera y espesa que era esta selva, cuyo recuerdo renueva mi temor, temor tan triste que la muerte no lo es tanto.” ¡Qué enseñanza nos transmite Dante! Aprender a convivir con cada uno de nuestros demonios particulares, nuestros infiernos propios, nuestros terrores. Pues al familiarizarnos con estos temores cotidianos, aprendemos, y nos preparamos, para sobrellevar el trance máximo: la muerte personal. Nos adiestra a enfrentar el pavor hacia algo que ni siquiera es evocable a través de espíritus, verdugos y fosas de castigo. Ni siquiera eso por aguardar. Nada.

3

A veces es preciso extraviarse, aún en oscuras selvas rebosantes de tentaciones, para reencontrarse uno mismo en un existir dinámico y en evolución constante.

4

“Vi su cima revestida ya de los rayos del planeta (el Sol) que nos guía con seguridad por todos los senderos.” Abandonar el territorio confiable y previsible de lo iluminado, de lo juicioso y del sentido común, para arrojarnos trémulos, al frío abrazo de la luna y su tenuidad exploradora de incertidumbres, justo al modo de los desengañados insomnes, los poetas y los felices beodos.

5

“Tan adormecido estaba cuando abandoné el verdadero camino.” Dormir, soñar tal vez: umbral inestable, conducto a extravíos, a insospechadas libertades; soñar, tal vez crear: enemistarse contra las rectas vías para adentrarse en falaces y deleitosas sinuosidades- inexploradas- y siempre en paciente espera del titubeante sonido de nuestros pasos, la huella indeleble de los anhelos propios.

6

Lujuria, Soberbia y Avaricia.

Los vicios de Dante perecen tener como fundamento único el exceso, un afán desmedido. Paradójicamente, el poeta florentino hallará la redención superando sus propios límites humanos, orientándose a lo trascendente. Transgrede así, de nueva cuenta, pero ahora en un diferente sentido: no referido al presente, al instante y sus placeres vitales, sino encaminado hacia el porvenir, hacia el cumplimiento de un destino pendiente de realización, motivado por inspiraciones y anhelos provenientes de un pretérito memorable y demandante: lo grande, la Italia Imperial; lo bello la futura sonrisa de Beatriz alcanzada.

7

¿Y si la pantera, el león y la loba que atemorizaron a Dante al inicio de su travesía, y la reorientaron por completo, no hubieran sido sino diferentes disfraces de la ambigua y sonriente Beatriz? ¿Para qué seguir la ruta larga, si hubiese bastado con precipitarse a las garras de la deliciosa fiera, para ser devorado amorosamente por la agreste criatura de saludos equívocos y miradas inolvidables?

8

“Si quieres, en seguida subir hasta ellos, te acompañará en este viaje un alma más digna que yo, y te dejaré con ella cuando yo parta; pues el Emperador que reina en las alturas no quiere que por mi mediación se entre en su ciudad, porque fui rebelde a su Ley.”

¿Que temía el Emperador del Cielo de la sabiduría encarnada por el poeta Virgilio, la razón, la inventiva humana? Tal vez pensó que, en donde los Gigantes fracasaron y en donde Prometeo se quedó corto, en la herencia grecolatina de Virgilio, pudiera hallar al fin una posibilidad de realizarse- con el paso de los siglos- el gran derrocamiento.

Hoy que en las alturas el trono parece vacío (en nuestros días secularizados), Dante, alumno del mantuano, parece haber sido el gran ejecutor- al posibilitar el fin de la Edad Media, la llegada del Renacimiento y por consiguiente los posteriores rompimientos históricos- de esta inevitable soledad, de esta elocuente ausencia que impera en el Olimpo, que se torna ya dilatada y evoca añoranzas sin sosiego.