miércoles, 25 de junio de 2014

El exotismo de los palacios chinos

Los antiguos palacios que pueden contemplarse en tantas regiones de China, son admirables en muchos sentidos, pero tratar de identificar el más importante de ellos, no resulta tan sencillo como parecería. Una manera muy interesante para intentarlo, puede ser la de comparar su noble arquitectura con la cultivada por civilizaciones de latitudes diferentes.


El Templo del Cielo

Este magnífico edificio, construido en 1426 en el recinto exterior del Palacio Imperial, está consagrado al culto de la Tierra y en él se llevaban a cabo plegarias para obtener cosechas abundantes. Se trata de un monumento de forma circular que se localiza en la gran ciudad de Pekín. Su estructura incluye tres terrazas concéntricas y se encuentra coronado por otros tantos tejados. Su forma circular es un símbolo del cielo, y el número tres alude al vínculo del hombre, el cielo y la tierra.

El sentido de este templo, lo distingue de los edificios sacros construidos en Occidente: si las iglesias occidentales son majestuosas, es porque denotan fuerza y dominio. En el caso del Templo del Cielo, si bien puede equipararse en belleza y monumentalidad a cualquier catedral de Europa, se aprecia una intencionalidad diferente pero no de fácil comprensión.



Arquitectura mesoamericana

Para identificar el sentido de la arquitectura expuesta en el Templo de Cielo de Pekín, se puede pensar en el que ostentan algunas notables construcciones del México antiguo, el de las grandes culturas prehispánicas. Por ejemplo, en el estado de Veracruz, se localiza la gran Pirámide de los Nichos, en la ciudad de El Tajín de la cultura totonaca. Es un edificio extraordinario, del siglo I, con un gran significado astronómico. Cuenta con siete plataformas colmada de pequeños nichos, con el característico horror vacui del estilo ornamental de los totonacos. En el interior de cada nicho- se dice que son 346- hay grecas y la decoración expone una reiteración de los mismos motivos rectos y cuadriculados: no existe lugar para la línea curva en esta pirámide magnífica.

Dos vías hacia lo trascendente

Tanto la circularidad del Templo del Cielo de Pekín como la obsesión por las rectas en la Pirámide de los Nichos en El Tajín, pueden comprenderse como dos aperturas hacia la otredad.

Las culturas ajenas a la mentalidad de dominio, y orden impositivo occidental, ponderan la discontinuidad y la ponderación de la diferencia como una cifra de la divinidad.

El exotismo de los palacios chinos no es simplemente una apariencia de rareza. Lo que chinos y totonacas buscaban fue establecer un umbral a otra realidad, más elevada, pero sobre todo absolutamente distinta. Sus templos y palacios eran motivo no de dominio ostentoso, sino de fervorosa veneración.