domingo, 15 de junio de 2014

Henri Michaux, caligrafías del silencio

La obra del poeta y artista belga Henri Michaux (1899-1984) no es fácil de clasificar dentro de los anales del arte contemporáneo. Michaux es célebre, principalmente, por sus exploraciones estéticas con mezcalina. Esta última es una sustancia alucinógena con la cual Michaux experimentó a lo largo de la década de 1950. Sus nerviosas caligrafías, evidencian a un creativo impulsado a la indagación de los estados alterados de conciencia.


Tras dejar Bruselas para instalarse en París, en 1923, Michaux tomó contacto que numerosas literatos y artistas de renombre. Si bien fue sólo hasta mediados de los años 30 cuando Michaux se decidió a pintar de manera continua, dos de sus obras más tempranas compendian todas las preocupaciones estéticas que manejaría en el resto de su producción artística: Alfabeto (1927) y Narración (1927).

Michaux se propuso, como artista, trascender/transgredir los límites del lenguaje formal, en busca de estrategias expresivas más libres. Por ejemplo, la famosa escritura ilegible de Michaux buscaba captar la vibrante intensidad del existir.

Gran viajero, Michaux transitó por diversos lugares del orbe a lo largo de la década de 1930. Fue un escritor profuso, hondamente interesado por las culturas no occidentales. Tras la trágica muerte de su esposa, Michaux elaboró cientos de dibujos a un ritmo trepidante y prosiguió sus experimentaciones con mezcalina. De acuerdo a Michaux, este enervante enriquecía sus momentos de conciencia interna. Las obras de Michaux derivadas de estas experimentaciones consistían en nerviosas marcas en esparcidas en enjambres, muy similares a los registros sismográficos, como si se tratara de las evidencias gráficas de su efervescencia interior.

La influencia de Michaux fue enorme, y se hace patente en muchos artistas y literatos, como Jorge Luis Borges y el beat Allen Ginsberg.