miércoles, 18 de junio de 2014

Recordando a Remi, el niño de nadie

La entrañable serie televisiva de los setenta, Remi, es una de esas obras de anime que en cada visionado ofrece perspectivas novedosas y relevantes contenidos que la transforman en una intensa experiencia existencial. En lo que sigue, comentaremos más acerca de ello.


El señor Vitalis

Vitalis, dentro de la trama de la serie, fue la persona a la que le fue vendido el niño Remi, a cambio de un puñado de monedas, en una sucia taberna francesa de provincias. Su alcohólico padrastro había llevado allí al infante, mientras la madre adoptiva, que sí quería a Remi, se hallaba ausente de la humilde morada que habitaban. El vicio, la miseria y una acentuada ruindad moral, fueron los motivos que orillaron al padrastro a llevar a cabo el singular negocio. Las angustiosas lágrimas del niño no fueron tomadas en cuenta: Remi fue conducido por Vitalis hacia las afueras del poblado y de la vida de su pequeña familia. Su pequeño mundo.



El secreto del anciano vagabundo

Pronto Remi descubrió que al imponente anciano lo acompañaban en su permanente peregrinación a través de los pueblos y ciudades provenzales, un grupo de animales amaestrados que estaba integrada por tres perros, y un monito. Era una compañía teatral ambulante: Vitalis era un artista callejero que se dedicaba a divertir a los habitantes de las comunidades que visitaba a cambio de algunas monedas con que comprar pan, pagar un cuarto sucio para pasar la noche y luego poder seguir adelante en la indefectible travesía. A pesar de todo, con el tiempo, Vitalis llegó a ser alguien muy importante en la vida de Remi, pues le enseñó disciplina, rigor, resistencia y un gran amor por la creatividad propia. En cierto momento de sus vivencias compartidas Remi pudo conocer acerca del secreto pasado de Vitalis.

El fin de Vitalis

Vitalis había sido en su juventud una de las figuras más importantes de la opera de su tiempo: tuvo fama, éxito, fortuna. A la postre, todo lo perdería por una enfermedad nefasta que le quebrantó las facultades hasta conducirlo a su menesterosa condición. Sus tribulaciones se ahondarían progresivamente, porque ya en las calles sufrió humillaciones, burlas y encarcelamientos. Sin embargo, al final de su existencia, Vitalis pudo hallar una conmovedora redención, puesto que durante una furiosa tormenta de nieve, al ver a Remi desfalleciente, acumuló paja sobre el niño y se sacrificó cubriéndolo con su propio cuerpo para protegerle del frío letal. Así salvo la vida de Remi, y perdió la suya.



Un creador fracasado, un artista de sí

Tal fue el fin de Vitalis, ese ser que fracasó en crear arte para los demás, pero que pudo hacer una misericordiosa creación, mediante un arte trágico, de su propio ser, ofrendado a lo humano: su fin. Por su destacada elaboración técnica y artística- simplemente los fondos de cada escena son de una calidad extraordinaria- y por su planteamiento tan emotivo, nosotros queremos proponer a Remi como uno de los animes más profundos emocionalmente, jamás creados. Comentemos más sobre esta circunstancia.


El niño de nadie, el ser de la nada

Remi es un ser que desde pequeño sólo ha podido comprenderse en la relación que ha tenido- con o contra los demás. Más allá de su pobreza, de sus múltiples carencias, Remi era feliz con su familia adoptiva- en ese entonces él no sabía de esta condición- en el pueblo francés en donde habitaba cuando se inicia la trama de la serie. Luego, sin entender porque razón culpa o derecho, es vendido al músico ambulante Vitalis. Sus avatares tortuosos, de allí en adelante, por ganarse el pan de cada día, no le darán la oportunidad de tomar conciencia de su propia persona, sino sólo de sobrevivir con respecto a las consecuencias de su interacción con los demás (es más cercano a los héroes infantiles de Dickens que a la reflexiva Niétochka Nezvánova del gran Dostoyevski).



El vacío de su corazón

Pronto, las experiencias vividas al lado de otras personas que conoce en sus andanzas: sus camaradas callejeros, la maldad de algunos policías, hosteleros o comerciantes, el tesón de ciertos animalitos, o las familias que habrían podido adoptarle; todo ello le dejará a Remi muchas enseñanzas de la existencia que nunca olvidará, pero que sin embargo, nada podrán hacerle conocer de su propia esencia: colmar ese vacío que lleva en el corazón.

El final del viaje, el cisne emprende el vuelo

Al culminar su travesía, Remi podrá reconciliarse con su propia identidad: encontrará a su madre verdadera, a su hermanito, y a su futura esposa, la niña Lissette. Ellos habitan un hermoso barco en forma de cisne, que constantemente deambula por entre los ríos de Francia. Y así, justo como un cisne, como un patito feo, Remi, desde pequeño, extravió su identidad y sólo hasta que alcanzó la madurez suficiente, merced a todo el aprendizaje de vida que recibió en sus avatares, pudo, como la emblemática ave, descubrir la belleza entera de su plumaje espiritual, identificarse en la pureza incólume de su propia alma.



Una nueva ruta de vida se extiende ahora para Remi: es hora de emprender el vuelo. Cuidará de su madre, de su hermano que no puede caminar y de Lissette, que no puede hablar. Seguirá pues, siendo para otros, pero esa existencia dedicada tendrá ahora un sentido, una trayectoria cierta, vivenciada, desde el novedoso conocimiento del ser propio, hasta el reconocimiento acrecentado acerca del valor de la existencia de los demás.