sábado, 21 de junio de 2014

Educación como ofrenda de la naturaleza

Mucho es el daño que provoca la humanidad al entorno natural con el ciego afán de apropiárselo. Lo más lamentable es que no considera que, desde cierto punto de vista, los seres humanos pueden ser considerados como una manera de sublimarse del mismo ser. Pensar, culturizarse, educarse, es un modo en la que la propia naturaleza se trasciende.


Millones de años tuvieron que transcurrir en el universo entero, para que un solo pensamiento humano pudiera gestarse. La educación debe tener siempre esto en cuenta, para valorar a lo que se ha dado en todo, la realidad entera, para que una criatura expresiva e interpretadora, pudiera testificar su esfuerzo por ser más, todo en uno.

El acontecimiento del mundo

Un ejemplo de cómo cierta educación holística nos aproxima más a esta perspectiva profunda de la naturaleza, la tenemos en una impresionante ciudad prehispánica en México. En el estado mexicano de Tlaxcala se localiza un centro arqueológico de gran importancia, conocido como Cacaxtla. El significado de la palabra náhuatl “Cacaxtla” es “el lugar donde la lluvia muere en la tierra” y en efecto, estos vestigios ancestrales, parecerían una ofrenda de la naturaleza devenida en humanidad. Se trata de un centro urbano de los indígenas olmecas-xilancas, una cultura mesoamericana que proveniente del Golfo de México. Tuvo una gran supremacía, en toda esta zona geográfica mexicana, alrededor de los siglos VII y X de nuestra era. En Cacaxtla se pueden contemplar una serie de antiguos y coloridos murales que fueron descubiertos en investigaciones realizadas durante 1974. El estilo de estas composiciones deja ver una cierta influencia maya. Algunos de los murales más fascinantes, son los conocidos como “La Batalla”, “El Hombre- jaguar” y “El Hombre-ave”.

Educación, naturaleza y humanidad

Uno de los sentidos más habituales de comprender la educación, es cual si fuese una explicación sistemática y pormenorizada del trasfondo de la realidad. Y en cierta manera no es erróneo pensarlo así: la educación escolar nos expone el cómo de las cosas, es decir, las varias maneras en que un objeto puede devenir lo que es. Sin embargo, educar, culturizar, también puede ser visto como una indagación acerca del por qué de los objetos del mundo y más aún, de la humanidad como tal. Este es el sentido en el que deben contemplarse los vestigios de Cacaxtla. Los hombres-jaguar o los hombres–ave pueden ser entendidos como simbolizaciones, homenajes que se hace el ser a su propia creatividad, a su esencia contemplada en lo humano, lo absolutamente otro, capaz de identificarse en la totalidad.