miércoles, 18 de junio de 2014

Breves apuntes al Infierno de Dante (Canto 2)

Dante siente temor de la travesía que le aguarda y pregunta a su maestro, el poeta latino Virgilio, si es digno de tal aventura. Virgilio le contesta que Beatriz le envió para rescatarlo, de manera que nada debe temer, puesto que un alma noble lo ampara. Les compartimos breves reflexiones acerca de este canto dantesco.


Con respecto a Dante Alighieri, La Divina Comedia, Infierno, Canto II.

1

“¡Oh Musas!, ¡oh alto ingenio! vengan en mi ayuda; ¡Oh mente, que escribiste lo que vi¡ ahora aparecerá tu nobleza.”

Pero las Musas, celosas de Beatriz, no quisieron atender el llamado de Dante. 

De tal suerte que, su travesía prodigiosa, épica, cuyos ecos a la postre reorientarían los derroteros de la civilización occidental, fueron obra, única y exclusivamente, de su corazón anhelante del amor de una joven.

Él nunca supo esto.

Ella tampoco.

2

Dante cuestionó a Virgilio acerca de por qué tenía, precisamente él, emular a Eneas, al adentrarse a los terrenos del Inframundo, para conocer el secreto porvenir de una ciudad entera. Roma para Eneas, Florencia para Dante.

Quizá en su fuero interno, se percató Alighieri, de lo poco juicioso que era confiarse a los dudosos vaticinios de fantasmas, sombras, mero olvido. 

Y sin embargo, el viaje del príncipe troyano se efectuó: Roma a la postre, cimentó Occidente; Dante después, culminó su obra magna, e inspiró así a varios genios artísticos de Florencia, próceres varios del Renacimiento, que transformarían nuestra visión entera de la realidad .

Pero entonces- de esta manera-, afirmar que nuestro mundo todo, está en lo profundo asentado sobre el vacío, es, gracias a Dante, un secreto a voces: murmullos de espectros irónicos que fundamentan nuestros instantes, y luego se pierden en un remolino que se lleva la nada.

3

Es posible adivinar el oculto deseo de Dante: no retornar de la muerte, no seguir los pasos de Ulises o Eneas y elegir quedarse en las sombrías moradas para toda la eternidad.

Renunciar a ver la gloria de Dios, acaso a la posibilidad de volver a pisar Florencia, a la hazaña de cambiar la Historia o a una perenne celebridad de poeta.

Dejarlo todo por seguir el brillo de una esperanza, sonriente, etérea y fugaz.

Luego, tras perder a esta última (Beatriz) en el Cielo (ya definitivamente), tal vez ahora sí- quizá por primera vez-, se extravió sin remedio él mismo y no pudo más que volver al mundo.

4


“Mujer, por quien en gracia y esplendores la especie humana excede a cuanto existe…”

María Santísima, Lucía y Beatriz las tres, mujeres, iniciaron todo el proceso de salvación del alma del poeta. Pero hubo otra Dama, gentil y señorial, aunque orgullosa en extremo, que motivó en secreto los afanes de Dante por virtud de su elegancia y porte encantadores y deseables, sin olvidar su majestuosa hermosura adornada.

Porque para explicar el influjo irresistible de su ser, basta decir que Florencia, la Toscana, también tiene nombre de mujer.

5

La misión primaria de Virgilio, figura de la razón humana, era la de ser portavoz de lo divino, mensajero de venerables misterios, interprete de los designios de la trascendencia. Hoy se ha tergiversado su encomienda básica, se le ha desoído ya.

Occidente se fascina con la lógica poderosa y el vigor intelectual del mensajero y se ha olvidado del celestial mensaje: “Vengo de un sitio al que volver ansío; moviome Amor y Amor mueve mis labios”

Así de simple.

6


” Ve, pues; que una sola voluntad nos dirija: tú eres mi Guía, mi Señor, mi Maestro.”

“Así le dije (a Virgilio) y en cuanto echó él a andar, entré por el camino profundo y salvaje.”

Tamaña confianza depositada en su mentor por Dante no era gratuita: sabio humanista, depositario de las excelsas virtudes de lo grecolatino, nadie como Virgilio ameritaba llegar al premio de la contemplación absoluta del Creador.

Y sin embargo haber nacido antes de la Encarnación del Verbo condenaba al poeta mantuano a permanecer entre “los que se hallan en suspenso”, entre los que se quedan presos para siempre en el Limbo anodino.

¿Y si Dante no hubiera sido solamente, sino un consuelo del Virgilio resentido, es decir, el modo como se imaginaría escapando de su cautiverio forzoso y la manera en la que se soñaría escalando la gran montaña del Purgatorio, para luego por fin, vislumbrar la faz luminosa de Dios?

7

¿Y si acaso Borges hubiese tenido razón y la autoría tenga más que ver con las ideas y menos con el sujeto que las concibe?

¿Virgilio autor de Dante?

Imaginando …mucho después, cuando Dante en su triunfo alcanzaba el brillo final de las estrellas, la luz de Su mirada omnipotente, Virgilio por su parte, permanecía oculto en un rincón del Limbo, en suspenso, silencioso y meditabundo.