martes, 3 de junio de 2014

El misterio de los hombres lobo

La certidumbre de que algunas personas han sido convertidas en lobos, tiene tanta antigüedad, como el miedo de los seres humanos ante lo salvaje e irracional. Basta con recordar el caso de Gilles Garnier, ermitaño que también era un asesino serial. Tenía por costumbre devorar a los niños que se extraviaban lejos de sus hogares. Quienes lo observaron cometiendo estos terribles crímenes, afirmaron que en ocasiones tomaba la apariencia de un lobo. 


Tras ser aprehendido por las autoridades, Garnier confesó que en efecto, se transformaba en lobo para acabar y devorar a sus víctimas. Luego de ser declarado culpable de licantropía y brujería, Garnier murió en la hoguera en Dóle, Francia, el 18 de enero de 1573.

Habitualmente los lobos atacan a las personas solo por hambre o si contraen la rabia, y a estos animales enfermos, en el siglo XVI, se les tenía por hombres lobo. Garnier habitaba en una zona plagada de lobos y otros cuatro individuos habitantes del lugar, también fueron culpables de licantropía entre 1520 y 1575. En otras regiones de Europa, los juicios eran menos frecuentes, aunque también se presentaron numerosas acusaciones. Curiosamente, en Inglaterra, no se registró ninguna acusación de licantropía, por el hecho de que los lobos habían sido exterminados por el año de 1500.

En cambio, un célebre habitante de Colonia, en Alemania, Peter Stubbe, quien fue acusado y detenido por asesinar y devorar a 13 menores (entre ellos un hijo suyo) y a dos mujeres, afirmaba que el diablo le había obsequiado un cinturón mágico que le daba el poder de transformarse en un feroz lobo. Tras ser torturado de diferentes maneras. Stubbe fue condenado a muerte el 28 de octubre de 1589.

Cuando se presentó la cacería de brujas de los siglos XVI y XVII, se creía que las mujeres dedicadas a estos oscuros ritos se dirigían a sus aquelarres montando lobos y que los brujos se transformaban en estos animales cuando acechaban a personas y animales de granja. Si los brujos convertidos en lobos eran heridos en tal estado, su cuerpo aún mostraba esa herida al retornar a su forma humana. Una leyenda de 1588 de Auvernia, Francia, relata como un cazador cortó a un lobo una de sus patas y la colocó en un saco. Posteriormente, cuando quiso mostrarla a un noble, descubrió que se había convertido en una mano humana con un gran anillo de oro. El aterrado noble reconoció el anillo, fue corriendo a la cocina y descubrió a su esposa, sosteniéndose un brazo herido. De inmediato fue detenida y condenada a la hoguera como bruja.

A muchos de los detenidos acusados de licantropía se les acusaba de cambiar su forma de voluntad, por lo cual, eran condenados a una cruenta muerte. Sin  embargo, ya desde hace mucho tiempo, la llamada licantropía – la convicción de que uno puede transformarse en lobo -, fue explicada también como una enfermedad mental. Quienes padecen este trastorno aúllan, gustan de merodear los cementerios y practican antropofagia.

En 1603 un pastor de apenas 14 años, Jean Grenier, fue acusado y detenido en la ciudad francesa de Burdeos.  Se decía que atacaba y devoraba a niños. Al ser juzgado, Grenier relató como el “señor del bosque” le había obsequiado una piel de lobo y un ungüento mágico, para transformarse en este animal. Reconoció haber devorado a un perro y tres menores. Sin embargo un minucioso interrogatorio reveló inconsistencias en estas confesiones: el muchacho mostraba una tendencia a la invención de toda clase de increíbles aunque macabras fantasías. Tras consultarlo con varios médicos de renombre, el juez resolvió no condenar a Grenier a la hoguera, pero si a ser confinado de por vida a un monasterio. Allí murió Jean Grenier a los veinte años de edad. 

Y si bien, buena parte de quienes afirman ser hombres lobo, en realidad son asesinos seriales psicóticos, los licántropos a veces exponen una faceta más bien positiva. En el año de 1692 un campesino octogenario, de apellido Thiess, declaró a las autoridades de Jurgens burg, Livonia, que tres veces cada año se volvía un lobo. El anciano afirmaba que ese era su extraño destino: desde su nacimiento tenía tal don y lo utilizaba para luchar a favor de su comunidad. En las noches de Santa Lucía, San Juan y Pentecostés, Thiess, de acuerdo a sus declaraciones, se reunía con otros hombres lobo de la región de Livonia, y entonces viajaban al infierno para combatir con los demonios y los hechiceros, para obtener una buena cosecha el siguiente año. Parece ser que el anciano Thiess seguía una vieja tradición de combates imaginarios, relacionados con la fertilidad campesina y protagonizadas por humanos con forma animal.

Por otra parte, los lobos comúnmente son identificados con el ámbito de los muertos y se pensaba que se mostraban más activos en las 12 horas posteriores a la Navidad, periodo en el cual se creía que los muertos deambulaban por el mundo. En las sociedades arcaicas, dedicadas a la caza y la recolección, se creía que los chamanes tenían el poder de asumir temporalmente la forma de animales salvajes. Se trata de una creencia que parece ser universal.

En las partes del mundo donde no hay lobos, otros animales parecen adoptar este rol de alteridad. Por ejemplo, en Mesoamérica y Sudamérica había hombres – jaguar, en el continente africano, hombres – hiena, hombres – leopardo y  también hombres – cocodrilo, en Japón, había hombres – tejón y hombres – zorro y en la India, hombres – tigre.