miércoles, 28 de mayo de 2014

Meditaciones acerca del Tao Te Ching

Una valiosa manera de comprender a una cultura distinta, es dialogando francamente con ella. El pensamiento chino es tan rico y valioso, como la superficie cristalina de un manantial en el bosque, que permite ver nuestro rostro en él, con una noble veracidad, y a la vez nos posibilita ver (nos) en su cristalina transparencia dimensionados hasta lo más profundo.



El Tao que puede conocerse no es el Tao

El Tao puede pensarse como el logos de los griegos antiguos, la “cuenta y razón” del filósofo García Bacca, el límite de Eugenio Trías; el fundamento oculto del mundo  y la ley de su propia manifestación. El materia de la realidad, su necesidad y su temporalidad, no son sino representaciones a conocer, pero ciertamente “El Tao que puede conocerse no es el Tao”, es decir, las apariencias de nuestra realidad humana, no son más que expresiones de un elemento enigmático que permanece siempre oculto, pero que a la vez determina los derroteros del mundo todo: lo relata, lo cuenta. Como el Ulises dantesco, que en su llama del averno, rememora la odisea de lo humano en un lenguaje de crepitaciones: el tao, el logos, el fuego, que se mantiene en  transformación perenne y siempre es el mismo.

La sustancia del Mundo es solo un nombre para el Tao

La “sustancia del Mundo” que “es solo un nombre para el Tao.” Este elemento escondido de la naturaleza no es concebible, solo puede ser aludido, como bien lo ha explicado Giorgio Colli en su filosofía, pero sin embargo está en todos lados, mejor dicho, todos los lugares son en él, como el aleph de Borges: Tao es todo lo que existe y puede existir.

El Mundo es solo un mapa de lo que existe y puede existir

Finalmente, de lo que no se puede hablar hay que callar, según la recomendación de un hermano espiritual de Lao Tse, el genial Wittgenstein, pero se debe callar sólo para poder escuchar el silencio, ese rumor que flota allende el mundo, que es “solo un mapa de lo que existe y puede existir”, pues en efecto, como cierto pasaje del Tractatus de Wittgenstein explica, el mundo no es más que  la totalidad de los hechos, que determina lo que acaece y también lo que no acaece.

Pero más allá de los límites del mapa, cualquier cosa puede acaecer o no acaecer y todo el resto permanece igual. El Tao es el límite imperturbable, el mundo mismo, meditando en torno a su inconmensurable eternidad.