viernes, 23 de mayo de 2014

El canto del sileno cautivo

En sus “Bucólicas” Virgilio, justo en la VI Égloga, habla de dos jóvenes pastores que, en una gruta, encuentran a un ebrio sileno dormido. Auxiliados por una náyade lo capturan. Para ser liberada, la vieja criatura de los bosques ofrece a los jóvenes recitar unos versos que les había prometido. A la bella deidad le reserva otro tipo de mercedes. Los faunos, las fieras y la entera floresta parecen danzar al compás de la música de su canto. 


La sensualidad expresa del ambiente, la cueva oscura y cálida, la juventud de los protagonistas y la singularidad de la pareja de seres fantásticos: la belleza de Eglé la náyade y la lascivia juguetona de Sileno…pareciera que todo se conjuga para expresar que un ámbito diferente ha sido develado por este pequeño grupo. 

Han creado una dimensión escondida ajena a la realidad común, un ámbito cerrado en donde el deseo, los secretos y el arte rigen por entero y sin contención alguna. Y además forman el umbral a un espacio y tiempos aislados y particulares: una puerta a lo sagrado. 

El canto del sileno cautivo versó acerca de los orígenes del mundo, del inmenso vacío en donde se entrelazaban confundidos los elementos básicos de la naturaleza; luego cómo de esta unión se forjaron las cosas todas: el suelo y los mares, el sol y la lluvia, las nubes, la selva y los animales.

Después, a partir de este pasaje fundamental, habló de Pirra, de Saturno y de Prometeo. La historia del cosmos, a través de figuras selectas de evocación amorosa y/o extraordinaria se conjugó en la parsimoniosa recitación del viejo sileno: Hilas, Pasifae enamorada, una doncella prendada de las manzanas del jardín de las Hespérides. 

Pareciera que Sileno está ofreciendo a sus imberbes oyentes una sabiduría mistérica, un conocimiento primordial y valioso. Les ofrece una experiencia iniciática. Los secretos del mundo transformarán por completo la existencia de esos simples pastorcillos. Pero, ¿serán capaces de soportarlo sus espíritus núbiles? 


Acaso la sonrisa aturdida del sileno poetizando tenga un sentido equívoco y perturbador. Metamorfosis, muerte, amor y la presencia continua de lo divino se difundieron por el espacio sagrado de la cueva, alimentando de esta manera el rito para la iniciación de los pastorcillos. Hasta que finalmente: “Todas aquellas cosas que en otro tiempo oyó cantar a Apolo el feliz río Eurótas, y el dios enseñó a los laureles, cantó Sileno: los valles conmovidos las llevan hasta los astros. Al fin mandó recoger las ovejas en los redilas y contarlas, y con pesar del cielo, se levantó la estrella de Venus.”

Ahora bien, culminado todo, cabe preguntarse, ¿En que consistió la sabiduría divina brindada en el canto de Sileno?, ¿Qué quiso expresar a sus jóvenes oyentes con este enigmático poema? 

Tal vez ellos comprendieron, tras escucharlo, que a partir de esa ceremonia extraordinaria una estafeta les había sido entregada. Ahora ellos serían los insignes portadores del caramillo, serían ya poetas, guardianes del ser, cantores del poder de Apolo, quien con el arco y sus dardos, con la lira y su palabra, hiere de lejos, ilumina las cosas con su potestad solar. 

Estos jóvenes están ya facultados para enunciar los orígenes del cosmos, los secretos del amor y de la muerte, porque en esa gruta en penumbras lo bello y lo grotesco se manifestaron en una experiencia que sin duda marcaría sus vidas para consagrarlas al arte y al júbilo extático del existir. 

Pero aún más. Recordando lo ambigua e irónica que nos parece debió haber sido la expresión del viejo Sileno inspirado, podemos preguntarnos: ¿Qué hubiera sucedido si el final del día no hubiera precipitado el cierre del poema recitado por la arcana criatura? Si los versos principiaron con la creación del mundo, y fueron relatando sucesivamente el desarrollo de los acontecimientos señalados de la irrupción de la otredad en la historia del ser… paulatinamente habrían alcanzado a relatar, el suceso presente de un par de pastores asombrados al encontrar a un sileno, adormecido por el vino, en una gruta escondida, para luego capturarlo y… 

El mundo entero queda entonces cautivo por el canto del Sileno en una repetición infinita, en un círculo de versos divinales, girando vertiginosamente en un eterno retorno de la realidad hecha poesía: de la muerte del silencio a la palabra instauradora, de la nada al todo y de este a la nada de nuevo en una dialéctica vital que hace la tarea de los nuevos iniciados obligatoria e insustituible. 


Ahora, más que pastores de ovejas son pastores del ser, transmisores del poder de los dioses, intérpretes de sus facultades fundamentadoras, portavoces de su misterio ilimitado y su trascendencia perenne, a través del arte excelso. 

Ellos a la vez tendrán que heredar la misión a nuevas voces, de una manera ininterrumpida, lenta y azarosa, hasta que llegue el momento en que un poeta mantuano escuche el canto del sileno y escriba una égloga en donde relate acerca de un par de pastores curiosos y su descubrimiento formidable en una cueva, y a la postre un alumno espiritual del mismo Virgilio, Dante Alighieri, construya un poema que forje tres mundos para cimentar éste extraño mundo que habitamos, y que a veces, en ciertos momentos de fatiga y ensueño, parece dejar ver su entramado secreto: los susurros de una presencia en las sombras escuchando sus propios ecos.

***

Sueño: los pastores, al descubrir la respuesta al acertijo y sentir el peso abrumador de la responsabilidad asumida, retornan a la gruta para recriminar al Sileno…pero la encuentran vacía, porque los silenos y los poemas sólo existen en el lenguaje (de los hombres) Y la penumbra de la cueva silenciosa y abandonada, les hizo pensar en un templo solitario colmado de espejos, reverberando sus mudos reflejos, como las miradas de innumerables ojos perpetuamente abiertos.