miércoles, 14 de mayo de 2014

El arte de Karel Appel

El pintor, escultor y artista gráfico Karel Appel (1921-2006), bien puede ser considerado con justicia como una de las figuras más destacadas del ambiente creativo de su natal Holanda. En sus obras el inconsciente, lo onírico, los deseos y una jubilosa alegría de vivir se hacen patentes, de un modo que como se verá, deslumbra por completo del alma de sus espectadores. 



La propuesta de Cobra 

Karel Appel comenzó a destacar internacionalmente cuando participó en 1948, en la fundación del grupo artístico Cobra, que estaba integrado por pintores expresionistas de los Países Bajos y Escandinavia. Su llamativo nombre procede de las letras iniciales de las capitales de las tres naciones originarias de los pintores colaborantes: Copenhague, Bruselas y Amsterdam. Con Appel estuvieron allí, el danés Asgard Jorn , el belga Corneille, además de Jean Atlan y de Pierre Alechinsky. Ellos se afanaron en sus trabajos en una libre manifestación del inconsciente, sin el lastre de mediatización alguna y sin obstaculizar el lúdico desenvolvimiento del intelecto. Se han comparado muchas veces sus logros con los de la Action Painting de Jackson Pollock, en los Estados Unidos. El grupo Cobra se disolvió en 1951. 

El frenesí del color 

Ya por su propia cuenta, Appel continuó con la elaboración en sus pinturas, de un fantástico universo de asombrosas figuras humano- animales, o enmascaradas; elaboradas a partir de densos empastes y una coloración violenta, justamente con el mismo talante exacerbado y sorprendente del expresionismo nórdico. Es conocido el comentario del estudioso Herbert Read acerca del arte de Appel, en cuanto a que al contemplar las obras del holandés pareciera: “que un huracán espiritual hubiera dejado esas imágenes a su paso”. Con el paso de los años, el incansable Karel Appel se avino a técnicas más moderadas, en un tono expresivo más sutil, cercano a la Hard Edge Painting, de Ellsworth, y de Kenneth Nolan, por ejemplo. 

El festín de los alebrijes 

La pintura de Karel Appel es una invitación para atrevernos a una curiosa anamnesis, en donde el conocimiento que se busca recuperar no es fundamental, ni edificador; sino por el contrario, es una lúdica sabiduría de azares y transmutaciones incesantes. Acaso el asombroso universo de Appel sea nuestro propio mundo visto desde fuera, en un sentido ultrametafísico rotundo y sin cortapisas; y sus alebrijes danzarines no son sino nosotros mismos, inmersos en un ininterrumpido carnaval de pulsiones y desenfrenos enmascarados, expuestos por completo a lo incierto infinito, liberados en una voluntad de desujección inherente, como en un ámbito de puros seres-objeto que se interpretaran a sí mismos, sin justificación alguna y sin medida, al compás del latir de los sueños y de la fantasía.