viernes, 23 de mayo de 2014

El pensar de Dostoyevsky: Kirilov el suicida

Personaje tan admirado por intelectuales del calibre de Emil Cioran o Albet Camus, el ingeniero Alexis Kirilov, uno de los protagonistas de la novela de Dostoyevsky, “Demonios”, nos comunica una paradoja de carácter vital para entender la encrucijada de los humanos ante su mortalidad. 



Según la trama de la obra, un grupo de jóvenes subversivos planea efectuar un asesinato de tipo político, con el fin de provocar caos y derrocar al gobierno zarista. Cada uno de los integrantes de este complot tiene un ideal de nihilismo particular, aunque todos parten de la premisa: “Dios ha muerto, todo está permitido”. 

La filosofía propia de Kirilov consiste en asumir esta perdida y tener la suprema valentía de negar todos los aspectos y valores de esta desfundamentada realidad ilusoria, quitándose la vida, para así entonces ocupar el sitio vacío de la deidad fenecida. 

De esta suerte, Kirilov participa en ese subversivo plan, sólo indirectamente, al colaborar con su propia muerte, pero no con el fin de hacer triunfar la causa de los dirigentes del grupo, a los que desprecia, sino con la tentativa muy particular de lograr la divinización del hombre. 

Porque lo paradójico aquí es que Alexis Kirilov, más allá de su ideología extrema, es un tipo por demás bondadoso: protege a los niños, ayuda a sus amigos en desgracia, hace gimnasia y compone poesía. Pocas veces Dostoyevsky brindó a un personaje suyo tanta positividad y nobleza como a este joven rebelde. Cómo entender esta circunstancia inusual? 

Tal vez lo que nos quiso expresar Dostoyevsky con esta figura literaria, es que sólo quien se concientiza seriamente con la posibilidad de su muerte, tiene la fuerza y la sensibilidad necesarias para valorar la vida de los demás y la del mundo en general. Poco antes de utilizar su revolver por última vez, Kirilov comentaba que, la simple existencia de una hoja de primavera mecida por la brisa, justificaba la existencia del universo entero.