miércoles, 3 de octubre de 2012

Heráclito en la Red Room: el logos de David Lynch

Relacionemos algunos fragmentos del filósofo presocrático Heráclito, con el cine del realizador norteamericano David Lynch.


“Por ello es necesario seguir lo que es común, pues lo común es lo que une. Pero, aunque el logos es común, la mayoría viven como si cada cual tuviera una inteligencia particular.”

En las cintas de David Lynch se presenta una notable constante: los protagonistas toman consciencia abruptamente de que el orden imperante de su realidad, el logos de su existir, no es el que rige a las demás personas. De allí que la mayoría de sus epopeyas, extrañas y surrealistas, brote de la confrontación entre su realidad vivencial, contrapuesta a la caótica en la que participan los otros seres humanos. La diferencia pasmosa entre la vivencia de las personas, la manera en la que el logos se ha disgregado, es esta simbolizada en la confusa dimensión de la Red Room de Twin Peaks y sus bizarros habitantes: son el reflejo de nuestro ser, pero en lo absolutamente diferente, lo que se rige bajo razones inconmensurables, expresándose en enigmas.

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“Intentan purificarse manchándose de sangre. Es como si después de haberse manchado de barro, quisieran limpiarse con barro. Y se tendría por insensato al que quisiera reprocharles su conducta. También dirigen plegarias a unas estatuas. Es igual que si se hablase a las casas, por no saber lo que son los dioses y los héroes.”

Tal es lo que sucede en el poblado de Twin Peaks, la singular Comala rulfiana, la Dite dantesca de David Lynch. Los habitantes de esta comunidad escindida entre lo que son y lo que aparentan, que no pueden ser definidos por una u otra faceta, so riesgo de difuminarse en lo ininteligible, tratan de justificar sus actos de moralidad dudosa, como todas, relacionando sus actividades y decisiones, entre sí. Twin Peaks es como una Fuenteovejuna escrita por Philip K Dick.


“Este mundo, el mismo para todos, ningún dios ni hombre lo hizo. Sino que ha sido siempre y es y será un fuego siempre vivo, que se enciende según medidas y se apaga según medidas.”

Fuego camina conmigo, tal es la voz del alma de Laura Palmer, el compendio de tantos párrafos garabateados en un diario que nunca ha dejado de escribirse, y cuyas líneas torcidas se extienden hasta los albores mismos de la realidad, cuando el primer pensamiento deseo y se deseo en todo. Pero para ello tuvo que diversificarse. La pluralidad de Laura Palmer no acabó con su muerte, Twin Peaks es un círculo en donde como dice Heráclito, el principio y el fin se confunden, como seres atormentados en un infinito laberinto de cortinas rojas.